31 Jul, 2017

Martín Valdivia Rodríguez: ¿Sin sangre en la cara?

Nos negamos a aceptar que una servidora pública como la señora Marilú Martens haya querido aprovecharse de su posi­ción privilegiada para postular a su propio hijo a Beca 18

Por: Martín Valdivia Rodríguez (Director)

@martingvaldivia

Nos negamos a aceptar que una servidora pública como la señora Marilú Martens, ahora ministra de Educación, haya querido aprovecharse de su posi­ción privilegiada (en ese entonces asesora del exmi­nistro Jaime Saavedra) para postular a su propio hijo a Beca 18, programa cuyo objetivo principal es favore­cer a miles de jóvenes estudiantes con talento, pero con escasos recursos económicos. No podemos creer que en su mente haya podido existir esa voluntad de burla, de engaño, de desprecio por los más pobres.

Pero es cierto, tal como lo presentamos ampliamen­te –y con documentos– en esta edición. La actual titu­lar de Educación no solo tuvo la voluntad de mandar a su hijo nada menos que a la mismísima prestigio­sa Universidad de Harvard, sino que defenestraron a los funcionarios que se “atrevieron” a decirle NO a semejante despropósito que, de haberse concretado, hubiera significado al país (sí, a usted, a mí, a todos nosotros amables lectores), la friolera suma de 130 mil dólares durante los dos años de maestría.

Lo más curioso del caso, es que al momento de ha­cer su declaración de ingresos, el esposo de la señora Martens reporta un total de 40,000 mensuales y, la entonces asesora de la alta dirección del Ministerio de Educación, 22,500. Es decir, 62,500 soles como in­greso conyugal. Con esa cantidad de dinero (que muy pocos peruanos pueden exhibir), ¿no podían pagarle acaso los estudios a su engreído? ¿Por qué tenían que atentar contra los dineros del pueblo, contra la nece­sidad de miles de jóvenes de escasos recursos econó­micos que buscan oportunidades para progresar y no tienen recursos?

 Si bien es cierto este impertinente y temerario trá­mite se realizó cuando la señora Martens aún no era ministra de Educación y no se llegó a cristalizar por la valiente decisión de un grupo de funcionarios ahora despedidos, el solo intento de hacerlo ya merece una sanción ciudadana (no sabemos todavía si legal), y una clarísima llamada de atención a otros servidores públicos que piensan que el Estado es su “chacra pri­vada” y pueden hacer lo que les venga en gana solo por ostentar una posición de privilegio.

Al parecer, el Programa Nacional de Becas y Crédi­to Educativo (Pronabec) es una caja de pandora que cada día sorprende por la cantidad de denuncias que tiene. Exitosa seguirá investigando y publicando di­versas denuncias que nos han llegado no solo de esta dependencia (donde parientes y amigos tienen pues­tos de privilegio), sino de otras entidades del Estado donde campea el nepotismo y la corrupción. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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