17 Jul, 2017

Martín Valdivia Rodríguez: Contacto en Francia

La decisión del magistrado no pudo ser más que acer­tada. Si se demoraba un día más, probablemente a es­tas alturas tendríamos a un Ollanta viajando a París...
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Por: Martín Valdivia Rodríguez (Director)

@martingvaldivia

Los temores del juez Richard Concepción Carhuan­cho –quien intuía una fuga de la expareja presiden­cial– al parecer, eran justificados. Los planes de huir a Francia, aprovechando la tradicional fiesta por su aniversario patrio del 14 de julio, quedaron frustra­dos tras la orden de prisión preventiva que hoy tiene tras las rejas a los esposos Humala-Heredia. Visto así, la decisión del magistrado no pudo ser más que acer­tada. Si se demoraba un día más, probablemente a es­tas alturas tendríamos a un Ollanta viajando a París argumentando ser un “perseguido político”.

Esta primicia periodística que ayer remeció el mun­do diplomático, merece tener una confirmación por parte del canciller Ricardo Luna Mendoza. La orden “soto voce”, que se impartió al cuerpo diplomático para que no asista a la gala por el 14 de julio, tiene que ser revelada por Torre Tagle, en vista que esta actitud tomada por la embajada gala no puede ser pasada por agua tibia.

El embajador francés, Fabrice Mauriès, tendría mucho que explicar por esta actitud poco amistosa. El secreto con que manejaba la fuga de la expareja presidencial podría comprometer su presencia en el Perú, de llegar a comprobarse que estuvo metido en la componenda. Se sabe que Humala rastreó varias embajadas para ver cuál de sus gobiernos le brinda­ba asilo. Pocas se aventuraron a brindarle protección. Según se supo por información brindada por los pro­pios familiares de la pareja hoy cumpliendo prisión preventiva, Evo Morales también habría aceptado dicho asilo, pero solo para Ollanta, lo cual no aceptó.

Y es que, tal como lo afirma en esta edición el ex­congresista Gustavo Espinoza, Humala Tasso tenía muchos intereses en Francia. Recordemos que el expresidente se negó a firmar el tratado de extradi­ción con ese país. Solo ahora entendemos por qué lo hizo. Si existe hoy un tratado de extradición es por la gestión del Congreso que presidió Luis Iberico, quien promulgó la norma pese a la negativa del Ejecutivo.

Invocar ser “perseguido político” es una vieja es­trategia vinculada a dictadores y ladronzuelos. Sino miren cómo Alejandro Toledo alude en cada entrevis­ta ser víctima de sus enemigos políticos. Él sigue pa­seándose campante por Estados Unidos sin que na­die perturbe su tranquilidad. No nos extrañaría que el “cholo sagrado” solicite asilarse en una embajada, tal vez la de Israel, país con el cual tiene tanta afini­dad por su esposa, la inefable Eliane Karp.

Esta vez, el tiro le salió por la culata a Ollanta y com­pañía, pero nos queda Alejandro Toledo, quien no du­dará en solicitar el asilo cuando sienta el brazo de la justicia peruana sobre su cabeza. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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