8 Ago, 2017

Martín Valdivia: Que no se repita la historia

Para nadie es un secreto que los nuevos cuadros de Sendero vienen siendo adoc­trinados por quienes purgaron carcelería, muchos de ellos ahora libres...

 

La infiltración del Movadef en el gremio magisterial no es nueva. Según datos proporcionados por la Policía Nacional, este trabajo silencioso pero efectivo data de hace unos diez años. Los radicales han sabido captar las necesidades de un magisterio postergado y maltratado por todos los gobiernos y vienen haciendo lo que mejor saben hacer: aprovecharse de la desesperación, acelerar las contradicciones y trabajar el adoctrinamiento. Lo hi­cieron en la década de los setenta y ochenta y lo vienen haciendo hoy ante la pasividad del Estado y la apatía de los partidos políticos que han ido perdiendo terreno.

El discurso radical tiene un buen caldo de cultivo allí donde la desesperación, el hambre y la miseria tocan la puerta y eso lo saben bien estos miserables que ni la cárcel los ha logrado dominar. Para nadie es un secreto que los nuevos cuadros de Sendero vienen siendo adoc­trinados por quienes purgaron carcelería, muchos de ellos ahora libres y sin ningún seguimiento policial.

En el caso del magisterio, no solo se han infiltrado en el Sutep oficial hasta quebrarlo, sino – y esto es lo peor de todo– ellos están a cargo de la educación de miles de niños de zonas rurales allí donde el abandono del Esta­do lo ocupa el profesor de aula, posición privilegiada para destilar su veneno y llevar agua para su molino. La estrategia política del Movadef es clara: posicionarse en sindicatos, universidades y demás estamentos para –desde allí– presionar al Gobierno a través de huelgas y movilizaciones con la finalidad de exigir a la larga la libertad de Abimael Guzmán.

El acta de la Convención Nacional del Movadef de 2010, lo dice claramente: “Los prisioneros políticos del Perú necesitan vincularse a la lucha popular y a la vez la lu­cha popular debe tomar la bandera de los prisioneros políticos como parte de su propia lucha. He ahí la tarea del movimiento: luchar por la libertad de todos los pre­sos políticos incluida la de Abimael Guzmán, quien es el más importante preso político (del Perú)”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

La sociedad peruana, incluyendo a los partidos po­líticos, está alertada. Desgraciadamente los peruanos no hemos aprendido la lección y, tal como ocurriera con los movimientos sindicales de los años 70 y 80, hoy los neoterroristas pretenden nuevamente meternos miedo. Habrá que pedirle al ministro Basombrío que se deje de cazar mariposas y potencie nuevamente a la Dircote, dotándola de policías capacitados por quienes ya los mandaron a la cárcel hace más de dos décadas. Que no se vuelva a repetir la historia. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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