Martin Luther King: su gran sueño aún no se ha cumplido

El líder del movimiento de derechos civiles murió de un balazo el 4 de abril de 1968 conmocionando a Estados Unidos y al resto mundo.
Martin Luther King: su gran sueño aún no se ha cumplido Martin Luther King: su gran sueño aún no se ha cumplido

“What is gonna happen now that the king of love is dead?” (“¿Qué pasará ahora que ha muerto el rey del amor?”), cantaba llena de tristeza Nina Simone en un concierto en Long Island (Nueva York) en abril de 1968. Ese “King”, ese rey del amor era Martin Luther King, y tres días antes le dispararon en el balcón del Hotel Lorraine de Memphis. Hoy se cumplen cincuenta años del asesinato del gran líder del movimiento de derechos civiles, el azote contra la discriminación de las minorías en EE.UU., y la pregunta de la cantante de jazz sigue tan vigente como cuando los disparos quebraron una tarde de primavera en un meandro del río Misisipi.

La ciudad sureña conmemora el asesinato del líder pacifista, una herida que no se ha cerrado en el país. Se multiplican los homenajes, los servicios religiosos, las marchas, los recuerdos. Los jardines de Memphis se han llenado de flores y plantas rojas para celebrar al gran tótem de la minoría negra. Las televisiones emiten documentales sobre su figura, han llegado nuevas biografías a los estantes de las librerías. El telón de fondo, sin embargo, es sombrío: ha pasado medio siglo y el racismo estructural y las tensiones raciales que envolvieron la muerte de King no han desaparecido.

Diferencias entre negros y blancos

Los datos actuales muestran que hay avances, pero quizá son mucho más modestos de lo que se podía esperar medio siglo después de haber conquistado plenos derechos civiles. Algunos de los mayores progresos son en educación: hoy más del 90% de los jóvenes negros acaban el instituto, mientras que en 1968 solo lo hacían la mitad, y se gradúan de la universidad el doble que entonces, según un estudio del Economic Policy Institute.

La distancia con los blancos, sin embargo, sigue presente: el porcentaje de los que obtienen título universitario es el doble que los negros y ha crecido al doble de velocidad respecto a 1968. Los avances en educación han tenido un impacto en los salarios, riqueza y salud de la población negra. Pero todavía a mucha distancia de los blancos: una familia blanca tiene un patrimonio diez veces mayor de media respecto a una familia negra.

El gran drama, sin embargo, es el de la justicia criminal: el porcentaje de los negros en prisión se ha triplicado desde 1968 y es seis veces mayor que el de los blancos. Un estudio del Centre for American Progress asegura que uno de cada tres negros nacidos en 2001 pasará por la cárcel en algún momento de su vida. A los blancos les ocurrirá en uno de cada 17 casos.

Obama fue un espejismo

La elección de Barack Obama como presidente de EE.UU. fue interpretada como el advenimiento, por fin, de una sociedad “post racial” en el país. La conquista de la Casa Blanca es sin duda el gran logro simbólico de la marea contra la discriminación que lideró King. La representatividad política, sin embargo, no ha cambiado el país como se esperaba. Y tras ochos años de Obama, EE.UU. eligió como presidente a Donald Trump, con un pasado de discriminación a negros en los arranques de su negocio inmobiliario.

Trump solo tiene a un negro en su Gobierno, el excandidato Ben Carson, y cuando el verano pasado miles de blancos de ideología racista se manifestaron en Charlottesville con antorchas e inspiración nazi, el presidente de EE.UU. aseguró que entre ellos “hay gente buena”. El 65% de los negros asegura que las relaciones raciales se han deteriorado en el último año, según una reciente encuesta de AP-NORC. Pero no es un problema de Trump: el 72% cree que su situación ha mejorado un poco o nada en los últimos cincuenta años y solo el 18% considera que los negros tienen el mismo tratamiento que los blancos en su comunidad.

La misma frustración que motivó los disturbios violentos en Birmingham, Memphis o Detroit en los años 60 está detrás de revueltas contemporáneas, como las de Ferguson o Baltimore, tras las muertes de Michael Brown y Freddie Gray a manos de la policía.

La canción que Simone lloró aquella noche lleva por título ‘Why?’ (‘¿Por qué?’), que es, en el fondo, el juicio más destilado al racismo. De forma improvisada –la compuso el bajista de su banda, Gene Taylor, y apenas tuvieron tiempo para ensayar–, la cantante susurraba preguntas que hoy en Memphis todavía no tienen respuesta: “¿Acabarán los asesinatos?/¿Son hombres o son bestias?/¿Qué esperan conseguir?/¿Se caerá o se levantará mi país?/¿Es demasiado tarde para todos nosotros?/Y, ¿Martin Luther King ha muerto en vano?”.

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