Marea Roja

“A pesar de que por momentos haya una sobreactuación, el balance es positivo".
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Las enfermedades mentales en el Perú están invisibilizadas. Su silenciosa tragedia se vive a nivel íntimo, en batallas familiares intensas para acompañar al pariente, además, encubierta, disimulada, escondida por los sesgos y prejuicios sociales. El dolor se sobrelleva en soledad. Sumémoslo a ello el casi abandono total como política de Estado. Se destinan presupuestos a otras áreas menos importantes, sin embargo en esta urgente necesidad pública como es el caso, apenas se le atiende. Es más, se la estigmatiza. Nuestros paisanos con un inmenso abanico de patologías mentales deambulan en orfandad. Es durísimo convivir con este sufrimiento secreto. Solo cuando hay algún caso descontrolado y mediático es que, brevemente, ponemos atención sobre esta tragedia colectiva que nos está corroyendo. Somos uno de los países latinoamericanos con más prevalencia de enfermedades mentales. Hay un infierno que nos negamos a reconocer.

La mente torturada de un esquizofrénico

Uno de los más espinosos es la esquizofrenia. Más allá del halo romantizado sobre algunos personajes científicos y literarios, está una cruda situación que nos está desgastando. Es sobre ese tema que trata Marea Roja. Alan (Aldo Sánchez) es el que padece semejante mal y conviven en su cabeza las interpretaciones que hace de sus allegados. Sabemos que la brecha entre lo real e irreal no existe en estos casos. Ni siquiera hay porosidad lírica. Al volverse indistinguible la realidad se difumina en su totalidad. Es por ello que Gilberto (Jorge Cárdenas), el presentador televisivo atroz, además de egomaníaco hermano mayor, está en una competencia del más fuerte y que buscaría la eliminación del menos apto, en este caso su pequeño hermano. Sin embargo, Angélica (Tania López Bravo), aparece como musa salvadora. Un anclaje. Una metáfora de posible liberación. Pero, como un oscuro juego mental, es también hábilmente manipuladora. Ese papel de emancipadora la asume incluso para eliminar al abyecto primogénito. Entonces, la batalla por la eliminación mutua se da. Pero todo solo en la cabeza de Alan. La mente torturada de un esquizofrénico deshace el mismo concepto de lo real. Para ello, el buen trabajo de las luces que ubican bien las escenas, nos van pimponeando el racconto de la historia. Por eso las vibrantes analepsis de las escaramuzas mentales. Todo ello hace que el flujo dramático sea permanente.

A pesar de que por momentos haya una sobreactuación, el balance es positivo. La percepción de que lo confuso, lo laberíntico, lo enmarañado es lo que existe como tal, no dista para nada de la forma como convivimos actualmente. Todo ese desconcierto es adecuadamente marcado en la puesta. Por momentos con esas zonas grises que exige la propia ficción. Acaso estamos sumidos en un sistema caótico, llamado vida moderna, que ha pervertido todo sistema sano de coexistencia. Tania López cumple cabalmente el papel de personaje maniático y maniqueista. Para mangonear hay que ser sagaz. También, Sánchez hace bien su papel, con esa vulnerabilidad explícita, con el lenguaje entrecortado, con la alucinación veraz. Uno quisiera proteger a las almas perdidas, consolar a los espíritus extraviados. A pesar de que las fronteras respecto a la cordura muchas veces son estrategias de control, para seguir a Foucault, es verdad que la medicación, el cariño, la ciencia es quien soporta adecuadamente estos perfiles frágiles.

Aunque el esfuerzo actoral de Jorge Cárdenas es sincero, su personaje puede ser menos acartonado para su óptima verosimilitud. Su dirección tiene la visión que exige el guion del cubano Juan Sánchez. Pero su actuación no está al compás de su propio planteamiento. Sabemos que es difícil salvaguardar la distancia de la actuación y la dirección, salvo casos contados se resuelve con éxito la alianza entre ambos roles. Este no es el caso.

Un detalle para los que cuidan la sala de teatro del MALI: al comienzo de la obra un foco parpadeaba en la parte superior. Al comienzo parecía que era parte de la puesta y le daba un toque coherente con el tema. Una luz que se prendía y apagaba como llave angustiante. Sin embargo, continuó titilando todas las escenas. Pero no era un guiño luminoso prefigurado sino un descuido logístico. Ello es imperdonable para el nivel profesional que deben alcanzar las salas en el Perú. Puede ser un detalle, ya sabemos que el diablo justamente está allí. Habita todos los detalles.

FICHA

Dirección: Jorge Cárdenas

Dramaturgia: Juan C. Sánchez

Actúan: Aldo Sánchez, Jorge Cárdenas y Tania López

Lugar: Auditorio AFP Integra del MALI, Paseo Colón 125, Cercado de Lima.

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