Los fabulatas 2 y la máquina legendaria

“La propuesta tiene un encanto que combina la espectacular imaginación de los infantes con unas correctas actuaciones y la generosa energía desplegada".
Los fabulatas 2 y la máquina legendaria Los fabulatas 2 y la máquina legendaria

Cuando uno va a ver una función tiene que saber elegir el lugar desde donde disfrutará (si cabe el optimismo) la puesta. Es decir, no es lo mismo tener un asiento en las primeras filas y en el primer piso, que tener, como fue este caso, verla desde el extremo izquierdo del segundo piso de la extensa sala “Mario Vargas Llosa” de la Biblioteca Nacional. Aunque pueda parecer baladí, la ubicación permite acceder a información distinta sobre lo que está desarrollándose. Por eso las diferencias entre espacios circulares, semicirculares o las de plataformas en escala.

Estas también varían si es una sala pequeña, íntima, cercana, o una inmensa, gigante, distante, más allá del esfuerzo tanto acústico y visual de la arquitectura para facilitar la presentación, los espectadores perciben intensidades diferentes. Por supuesto, la conciencia del espacio por parte de los actores es imprescindible para el buen desarrollo de la obra. Por ello, la elección del asiento forma parte de la educación del espectador. Pero no en todos los casos depende de esa ilusión democrática. Hay lugares más privilegiados para la observancia. Incluso hay teatros que tienen hasta una división clasista. Tribunas para la aristocracia política, religiosa, económica y hasta artística. Por eso las ubicaciones también tienen distintos precios en muchos casos. Estar en cazuela es formar parte del pueblo, aunque exige mucho esfuerzo para poner atención a los detalles.

A eso hay que sumarle que las obras para las familias requieren un conjunto de despliegues escénicos que, además de ubicarse espacialmente, tengan una interactividad que excluye prácticamente a los más alejados. Es un ostracismo teatral para aquellos que vemos desde el fondo del teatro la obra. Y ello se agudiza cuando, por la naturaleza de la obra, uno va con niños. Sentir a sus héroes tan inaccesibles físicamente es casi angustioso. Así es que no es recomendable asistir a una obra de este tipo, con su poderosa energía, y estar en las últimas filas viendo el disfrute de los demás. Los pequeños tienen solo una porción de la magia teatral si están apartados del proscenio.

Un mundo previrtual

Sin embargo, la propuesta tiene un encanto que combina la espectacular imaginación de los infantes con unas correctas actuaciones y la generosa energía desplegada. No se podía esperar menos de este programa de fantasía y recordatorio de un mundo previrtual.  Es como si todo ese ecosistema digital actual no existiera y solo brillara la preciosa, indispensable, suprema imaginación. He ahí su valor de los Fabulatas en esta secuela. Contar los mitos y leyendas griegas, nórdicas e indias de manera tal que sea un juego y se conecte con el poder inmenso de la mente en sus albores.

Así, ese inquieto club de pequeños amigos: Hubert, Clora, María Belén, Percy y el Sr. F, gozosos y tiernos, conviviendo en un campo de cachivaches, junto a objetos amorosamente reciclados y convertidos en mundos, mitologías, un paraíso original, hace que la fuerza de las cosas, la dimensión de los objetos adquiera una existencia distinta a la que perciben el racionalizado mundo de los adultos. Al borde una legendaria nave, un armatoste mágico de cartones y tubos, vuelan. Atraviesan la historia mundial y con su música bailan con todo ese manso placer lúdico a la altura de su inocencia. Los actores se lucen usando pródigamente sus recursos dramáticos. Gold está en esplendor. Es perfecto para el personaje. Patricia Barreto y su cuerpo calza con la pretensión de la puesta.

El rostro y los gestos de Jely Reátegui, embrujan.  César Garcia no desentona. Es un oráculo insuperable. Hay que reconocer que es un casting muy bien designado. Hay una complicidad entre ellos que naturaliza las acciones. Son niños, sin dudarlo. Eso confirma la sala totalmente llena. Las bulliciosas filas de familias, a pesar del calor limeño, esperando la función son signo de su éxito.  Sin embargo, mientras se esperaba, nos entregaron unas medallas de cartón con la F de Fabulatas, dio alguna esperanza de ser parte de una comunidad o hermandad fabulata clandestina. Pero nunca se usó. No se trata solo de entregar un souvenir, sino de vincularlo en algún momento a la explosión de alegría que está a punto de suceder. Sino se vacía de significado. Cuando ya saliendo de la mano de Luna, mi pequeña cómplice pelirroja, me miró con ojos de Medusa y me lanzó un martillo imaginario de Thor, comprendí que tenía conmigo una fabulata.

FICHA

Dirección: Paloma Reyes de Sá

Elenco: Patricia Barreto, Cesar Garcia, Manuel Gold, Jely Reátegui y Rodrigo Zalles.

Lugar: Teatro Mario Vargas Llosa, Biblioteca Nacional del Perú, San Borja.

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