22 Mar, 2018

La foto.

“Esa niña indígena formó parte de esa fotografía, que como recuerdo valioso guardaron aquellos turistas"
La foto
La foto

Por Borka Sattler

La habían vestido muy prolijamente, fustanes de seda, blusa con bordados, falda de colores y las ojotas nuevas que eran de su hermana.

Su madre había peinado su pelo enredado, dos hermosas trenzas, negras como las plumas de esos grandes cóndores que de vez en cuando se posaban cerca de su casa después de dominar imponentes alturas.

No había una fiesta, no era el Inti Raymi, ni siquiera la habían preparado para su Primera Comunión y la engalanaban con las prendas nuevas, sin decirle nada.

El sol de la puna fue testigo que la pobre niña rodó por el suelo cuando madre y padre muy apresurados la sacaban de su humilde hogar.

No tuvo la culpa, eran las ojotas que estaban más grandes que sus diminutos pies.

Su carita regada con lágrimas se ensució con tierra, su blusa impecable se manchó con barro y su falda de colores vivos quedó hecha un trapo, pues fue en un charco en el que cayó.

Un grupo de turistas había llegado por esos parajes y era indispensable la foto obligada: las grandes montañas, quebradas y valles, cielo despejado, con la lejanía que oculta horizontes en la Sierra Sur.

Pero se necesitaba un valioso ingrediente, el del ser humano que habita esas tierras, que vive en el Ande, que ha nacido allí desconociendo que hay otros mundos, otras realidades.

Esa niña indígena formó parte de esa fotografía, que como recuerdo valioso guardaron aquellos turistas, mas en ella nunca han notado las lágrimas que regaron la carita roja, ni los ojos negros perdidos en el infinito, sin saber que era solo parte del bello paisaje y que sus rodillas estaban sangrando, sucias de la tierra que la vio nacer.