5 Oct, 2017

La Anamorfosis de Julián Pérez

“En este mundo de Dios nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Si ese elemento ante tus ojos es el agua o los vientos, lo que ves es la distorsión de la imagen que estaba en tu mirada, la que tomó otras formas y otra dirección. Las lágrimas pueden ser ese elemento.

Anamorfosis (Banco Central de Reserva, 2017) es una novela que rebalsa la sensibilidad. Escrita por el maestro Julián Pérez, doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad de San Marcos, nos proyecta realidades. Las vertientes de imágenes que conforman esta narración se conjugan en un aluvión de sucesos formando un río profundo, cuyo cauce va paralelo a los años del terror. No solamente fueron lágrimas el líquido elemento, sino la sangre de cientos de peruanos.

El personaje en el que se centra esta obra literaria es el poeta Sócrates Linares, en su trayectoria, sus debilidades, sus frustraciones y su ocaso. Él, después de varios años, vuelve a su tierra, Ayacucho, a un evento cultural. Al presentarlo, el narrador no descubre en qué orilla de ese río profundo se encuentra el personaje, pero nos hace partícipes de la incomprensión del poeta al no poder presentar su poemario “Pinceles” en el auditorio de la universidad. Su desilusión la sentimos en carne propia, pues un amigo de su juventud que ahora es el decano de la Facultad de Educación, después de haberse comprometido, se desentiende del asunto.

 

“El alma matinal”

La hermana del poeta reúne a los antiguos amigos de Linares, compañeros e integrantes del grupo literario “El alma matinal” que edita la revista “Trilce” como vocero del pensamiento de aquellos años de universidad. Poco a poco vamos conociendo a los amigos del grupo, despertando una cadena de sentimientos, que van desde recuerdos, añoranzas, realidades vividas, hasta la incomprensión, la maldad, la ignominia y, sobre todo, la bajeza humana.

Nos enteramos de lo que fue la vida de esos estudiantes, inclusive que Sócrates Linares se fue a la capital tras las caderas de una chalaca, con quien se casó, cuando él deliraba por las mujeres ayacuchanas sanmiguelinas, quienes guardaban sorpresas en sus cuerpos, según el narrador.

En paralelo y en un tiempo más actual, se encuentran en una taberna tres amigos, que dentro de olores etílicos y de aromas que salen de una paila de chicharrones, se refieren al suceso entre arranques de discusiones y amagos de violencia que disipa la dueña del local.

 

Intriga permanente

Ambas situaciones convergen en la trama y apasiona el lugar, el entorno y los espíritus que lo invaden. La música de guitarras y los cantos de alegría y de tristeza,  acompañan las escenas. Los personajes se mueven dentro de la intelectualidad sin apartarse de sus raíces, de sus costumbres y tradiciones, inquietudes y recuerdos. La intriga está presente en todo momento y hasta da inquietud por llegar a conclusiones. Hechos reales suspendidos en el tiempo y adornados, al comienzo, por ideales, pero a medida que soplan los vientos, dramatizados por  maldades. Cada porción de imágenes que se descubren son símbolos trágicos del trance de terror que sufrió el país, acaparado por la enajenación.

Excelente relato en el que el intruso “punto final” se podría remplazar por un “etc. etc. etc.”. Y es que Julián Pérez, este notable artista de las palabras, que ha podido transmitir todo ese mundo a través de su narración, ha quedado latente y estoy segura que se guarda algo más, para seguir sorprendiéndonos.