15 Dic, 2017

KATARSIS | Rubén Quiroz Avila: Una relación pornográfica

Los actores Alfonso Dibós y Vanessa Vizcarra. “Ella con un personaje hondamente reprimido y él como si jamás entrara al personaje y estuviera orgulloso de ello”.

El título es engañoso. Aunque es una traducción literal de Une liaison pornographique (1999), de Philippe Blasband, primero película y luego adaptada al teatro. Sin embargo, más le haría honor la versión gringa conservadora como fue conocida: An Affair of Love. Es, por supuesto, un ejercicio duro comparar el filme francés (con ese halo de nouvelle vague y su inteligente erotismo) con esta versión peruana descafeinada al borde de ser una adaptación de comedia romántica hollywoodense. Aunque la base del texto permanece, sin embargo la interpretación es el problema.

¿Qué han hecho con la propuesta del belga-iraní Blasband? ¿En qué momento la sensualidad, la pasión exploratoria del original se transformó en un conjunto de escenas románticas dignas de peluches y ramos de rosas? ¿Cuándo fue que la fuerza transgresora se perdió y solo surgió una relación normal y aburrida? El liberal amor líquido anunciado por Zigmunt Bauman en esta obra parece una sátira hecha con retazos de Bécquer y Neruda. Es decir, para jugar a un nuevo pacto sexual y una organización de pareja postmoderna se necesita, además de un lubricado descaro, un perspicaz pesimismo. Requiere de seres con capacidad de hacer el mal. O, por lo menos, de reconocerlo y no temerlo. No de seres buenos, caritativos, angelicales. Uno no puede jugar a ser cínico y parecer un reverendo ingenuo. Y eso es lo que pasa con la pareja compuesta por Vanessa Vizcarra y Alfonso Dibós. La primera, con un personaje hondamente reprimido, mustio y, el otro, compuesto por Dibós, como si jamás entrara al personaje y estar orgulloso de ello (dudo que Lumerman haya planteado esa ruta). Aquí es donde a la maestra Ruth Escudero, seguro, fue rigurosa (conociendo su extrema disciplina y firmeza en la formación de actores) no le hicieron caso.

Es que la tesis del texto es la casi transustanciación. Se supone que, del goce carnal, del exclusivo placer sexual, de los meros ejercicios lujuriosos, hay una transformación hacia lo sublime, al nacimiento prodigioso del cariño, al surgimiento precioso del amor. Por ello, la magia de esa metamorfosis debería comenzar a notarse en las miradas, en el lenguaje no verbal. Pero, el beso, acción deslumbradora por sí misma, incluso para la transformación de lo carnal a lo espiritual, parece una tortura entre ellos, como si fuera un mero compromiso escénico, desapasionado, displicente. Por supuesto, ni qué decir del abanico posible de lo sexual (donde el actor jamás se saca las medias incluso en las simulaciones). Encima, la escenografía ayuda a notar las costuras de la falta de química de la pareja. Uno suele quedar enamorado de las parejas febriles y la coreografía de sus actos de amor, pero eso es inexistente. Blasband ordena fuego, volcán, análisis, y aquí es una chispita mariposa, un trámite, un papeleo. Son solamente dos monólogos que se entrecruzan. Es donde se ve mejor su virtud actoral, cuando están declarando por su lado. En el caso de Dibós, tal vez sea el género teatral ya que en El amor es un bien (2016), los resultados eran completamente distintos. Ahí estaba en resplandor. Entonces, es la dirección quien debe hacer los ajustes y observar las fisuras. Es de esa posición de constructor de la escena que se debió configurar tanto la adaptación como su realización final acorde con la época actual.

El tema, que cuando se planteó en 1999, probablemente tenía un contexto que lo pudiera llevar a ser leído como revoltoso, incluso agitador. Los finales de milenio también implicaban profundas críticas a la organización social y sexual. Y, ciertamente, las nuevas formas de ordenación conductual de la posmodernidad ya mostraban esos atrevimientos. Sin embargo, diecisiete años después ya tiene otro impacto. Es incluso tardío. Porque la reorganización de la sexualidad ha implicado nuevas conductas mucho más osadas. Ya no es escandaloso, ni disruptivo. El tópico dejó de ser un tabú y se discute a varios niveles este nuevo orden sexual. Es por ello que la puesta tiene esa aureola de candor y de candidez, tal vez allí está su atrevimiento.

FICHA:

Dirección: Pancho Tuesta

Texto: Philippe Blasband

Actúan: Vanessa Vizcarra y Alfonso Dibós

Lugar: Teatro de Lucía, Bellavista 512 Miraflores