KATARSIS | Rubén Quiroz Avila: Los Egresados 2017

“Aquellos que eligen una vida teatral tienen que tener claro que, además de una pasión evidente, es también una profesión, por lo tanto, exige todos los protocolos..."

Dedicarse al teatro en el Perú es igual de difícil que ser científico, ser poeta o filósofo. Disciplinas, además, históricamente olvidadas a pesar de su impacto en definir los contornos de nuestra peruanidad. El Perú no es solamente su pasado sino es un ecosistema cultural vivo y que es alimentado permanentemente por sus mejores representantes tanto individuales como colectivos. Es por ello que aquellos que eligen una vida teatral tienen que tener claro que, además de una pasión evidente, es también una profesión, por lo tanto, exige todos los protocolos de disciplina, rigor, dedicación y tácticas suficientemente inteligentes para mantenerse. Además, con un Estado poco propenso a promover estratégicamente las áreas que justamente nos construyen un importante capital simbólico y, las empresas privadas concentrando sus esfuerzos en obras más bien de índole estrictamente comercial (completamente lógico por su propia naturaleza empresarial pero que, tal vez mejor persuadidos, comprendan que los dividendos también son culturales), hacen que la gestión y la adecuada administración de los recursos sea una mecánica imprescindible para la industria cultural. Claro, todo ello atravesado por una ética siempre atenta y reflexiva sobre sus propios límites, universo de meditación ineludible para mantener la sensatez y cordura en una comunidad artística poco dada a la autocrítica. En este grupo de gente dedicada al teatro, lo más parecido a una hermandad crédula, no debe permitir más la autocomplacencia, la endogamia y el silenciamiento. Es decir, sin perder el decoro, la deferencia y el brío de los vínculos humanos, debe exigir siempre un absoluto respeto a las normas básicas de convivencia saludable y cuestionar siempre a aquellos que en nombre del arte lo instrumentalizan como pretextos para sus patologías. No hay genios en las artes escénicas, ni personalidades caprichosas o tiránicas a los cuales se les debe obediencia. Como toda profesión se atiene a una deontología y que debe ser subrayada en sus etapas formativas en toda institución que la oferta. En ese sentido vemos las muestras escénicas de dos universidades limeñas durante este año.

Escena Sur 2017

La escuela de artes escénicas de la Universidad Científica del Sur organizó un muestrario de sus egresados del 9 al 19 de mayo, en el Teatro de la Alianza Francesa, donde se presentaron: Sueños de Victoria, escrita y dirigida por Paola Estupiñán y protagonizada por Carmen Osorio; Encuentro, escrita y dirigida por Leo Cubas, protagonizada por Luis Yataco y producida por Lucía Castro. Además, sus alumnos han gestionado tres montajes de autor (una línea que va mostrando resultados en este programa teatral) entre noviembre y diciembre: Belleza y Estilo, escrita y dirigida por Lucía Ruiz, producida por Aranxa Seminario; Manicomio, concierto para crecer, escrita y protagonizada por Luis Coloma y dirigida por María Fernanda Velarde y, finalmente, German Bausch y la ciudad de un pequeño corazón, escrita y dirigida por Frida Tapia. Es una escuela fundada por Percy Encinas y luego liderada por Laurietz Seda y Ruth Escudero y ahora por Gustavo López, cada vez va encontrando su propia personalidad y articulando también la gestión cultural como parte de su formación.

 

Saliendo de la Caja

Los alumnos del último ciclo de Artes Escénicas de la PUCP desde el 16 de marzo hasta el 3 de abril presentaron Tomas, de Carolina Black Tam con Augusto Alza, Ana Cecilia Natteri, Carla Martel, Kirei Klein, Los cosmonautas y la galaxia espanto, con Aura Guío, Aldo Bonatto y dirigida por Deborah Grandez, La prudencia de Claudio Gotbeter con Melina Hernández, Macla Yamada, Emma Suito, Las criadas de Jean Genet con Mariapía Condorchua, Ximena de la Puente, Ximena Arroyo y dirigida por Omar del Águila, Estás igual de Gabriela Izcovich con Úrsula Kellenberger, Rolando Reaño y dirigida por Valeria Hurtado, Desquiciados de Claudio Gotbeter con Alonso Romero, María del Carmen Castro, Milagros Chucos, Gabriela Salas y bajo la dirección de Javier Guerrero, Baila Miguel, con Christian Mora, Mari Palacios y Alonso Romero y dirigida por Claudia Benites, Tú eres mi otro yo, Jussara Sifuentes y Deborah Grandez, Sobre el mar de Federico Abrill con Alejandra Rivera, Airam Galliani, Paris Pesantes, Josefa Mora con la dirección de Renato Fernandez. Aquí hay propuestas diversas tanto de inclusión social, teatro para niños y la puesta de clásicos.

En conclusión, estamos ante dos espacios universitarios que profesionalizan el quehacer teatral y que deben repensar siempre sus propias propuestas el próximo año.

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