13 Ago, 2017

OPINIÓN | Juan Sotomayor: La tecnología, aliada del sistema penitenciario

Hoy la tecnología es ca­paz de ayudarnos en todo campo de la vida humana; el sistema penitenciario no es la excepción.

Por Juan Sotomayor

Para nadie es un secreto que las cárceles en el Perú están sobrepobladas, son focos de enfermedades, centros de especialización delictiva y la corrupción forma parte de su vida cotidiana. Una si­tuación muy compleja que debe ser afrontada desde diversos frentes y con un enfoque multidisciplinario.

Según el INEI y el INPE, de 77,086 internos en el Perú, el 51.3% aún no tienen una condena firme. Para agravar la situación, más allá de ca­sos emblemáticos, se viene haciendo uso muy prolijo y discutible de la prisión preventiva y las frecuentes reformas del Código Penal tienden a incrementar las penas privativas de liber­tad. Ante este panorama, la tecnología será una nueva aliada de la política peni­tenciaria.

En ese sentido, aunque con cierta demora, el tan esperado bloqueo de seña­les de teléfonos celulares se ha iniciado en los penales del Callao y Ancón II. Asi­mismo, hace algunos días se inició la implementación de grilletes electrónicos en un plan piloto que estima alcanzar a 50 personas en este año y se proyecta a 11,800 según la memoria anual presentada por el Presidente de la Repúbli­ca al Congreso el pasado 28 de julio.

Los grilletes electrónicos son una alternativa válida para evitar el ocultamiento de personas al accionar de la justicia y garantizar la eficacia de medidas como el impedimento de salida del país. También podría aplicarse la vigilancia electrónica para los casos de deudores alimentarios. Aquí la tecnología nos pue­de ayudar a superar el ab­surdo que implica privar a un deudor alimentario de la posibilidad de ejercer ac­tividades económicas que le permita precisamente cumplir con la pensión ali­mentaria. En algunos países los grilletes electrónicos se usan en casos de denun­cias por violencia contra la mujer, para evitar que el agresor se acerque a su víctima y cometa el delito de feminicidio.

Hoy la tecnología es ca­paz de ayudarnos en todo campo de la vida humana; el sistema penitenciario no es la excepción. Solo es cuestión de dar el gran sal­to. Sin embargo, siempre in­sistiré que la mejor medida será inculcar en nuestros niños y jóvenes, desde sus hogares, los valores mora­les que le permitan decir no a toda posibilidad de incurrir en acciones crimi­nales y terminar condena­dos en un penal o muertos en las calles.

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