4 Sep, 2017

Jorge Tineo Rendón: Eddie Palmieri, leyenda viva de la salsa y el latin jazz

“Sus poderosas manos han escrito la historia de la salsa y el latin jazz desde comienzos de los sesenta, con aquellas primeras exploraciones en las que combinó ..."

Por: Jorge Tineo Rendón

En diciembre del 2016, Eddie Palmie­ri cumplió 80 años y para celebrar­los, organizó una gira de nombre cibernético y juvenil, EP@80, que comenzó extraoficialmente dos meses antes en nuestro país, en un festival donde compartió escenario con Jorge Drexler, Alejandro Sanz y Rubén Blades.

En aquel show, “El Mesías” apareció tocando un moderno piano electró­nico, e hizo gozar a los conocedores -y bostezar a los poseros- con sus largas introducciones, perversas disonancias y furiosas e indesma­yables descargas. Y es que detrás del aspecto de abuelito bonachón que hoy tiene, está uno de los artistas más enérgicos y rebeldes de la mú­sica latina.

Sus poderosas manos han escrito la historia de la salsa y el latin jazz desde comienzos de los sesenta, con aquellas primeras explora­ciones en las que combinó su he­rencia afrolatina y caribeña -nació en New York de padres puertorri­queños- con su admiración por pia­nistas clásicos de jazz como The­lonious Monk o Herbie Hancock, al frente de La Perfecta, orquesta en la que puso el trombón delante de la sección de vientos. Junto a pianistas como Ricardo Ray, Larry Harlow, Rafael Ithier y su hermano Charlie, Eddie Palmieri sentó las bases del sonido que hoy llama­mos “salsa dura”, con canciones como Muñeca, Azúcar pa’ ti, Oye lo que te conviene y muchas otras.

En medio del apogeo de la escudería Fania Records, Palmieri mantuvo salu­dable distancia del hegemónico sello discográfico para no comprometer su libertad artística. Esto ocasionó que sus álbumes, capaces de poner a bailar a callejones y salones por igual, jamás tuvieran la difusión que merecían. Lejos de alinearse, don Eddie llevó la salsa a terrenos experimentales, con discos como Superimposition (1970), Vámonos pa’l monte (1971), Unfinis­hed masterpiece (1975) o Lucumí, macumba, voodoo (1978), en los que confluían descomunales desarrollos salseros, pesadas elaboraciones de jazz, coqueteos con el piano clásico e intensas percusiones que convoca­ban a esas divinidades africanas tan presentes en la cultura caribeña.

La música de Palmieri es desafian­te aun para los entendidos en salsa, quienes reconocen el valor de su voluntaria marginalidad. En 1990, durante su primera visita oficial al Perú, en la que ofreció una semana de conciertos en la desaparecida Feria del Hogar, el periodista Agustín Pérez Aldave describió con detalle ese ca­rácter independiente del pianista, a quien no le importaba que pequeños sectores del público, más acostumbra­dos a las melosas canciones de salsa sensual que sonaban en las radios de entonces, lo pifiaran cada vez que el maestro se tomaba su tiempo y pa­saba de sutiles fraseos a estrambóti­cas descargas en las que terminaba aporreando las teclas con los codos, jadeando y abriendo la boca, mueca característica de su absoluta enajena­ción al momento de tocar.

En sus cinco décadas de trayecto­ria estuvo rodeado siempre por los mejores. Desde sus inicios con Tito Rodríguez hasta la Orquesta La Perfec­ta, que disolvió en 1968. En los setenta, promovió a dos importantes soneros: Ismael Quintana y Lalo Rodríguez. Du­rante los años ochenta se concentró en la salsa dura de salón, publicando alucinantes discos como Palo pa’ rum­ba (1984), Solito (1985) y The truth/La verdad (1987), con la participación de Tony Vega. En 1992 Palmieri nos pre­sentó a una jovencita de 23 años, Linda Viera Caballero, que se hizo conocida internacionalmente como La India. Un hito memorable fue el concier­to Latin Pianos in Concert ‘86, en el Lehmann Center del Bronx, junto a otros cuatro monstruos: Hilton Ruiz, Michel Camilo, Pappo Lucca y Char­lie Palmieri, su hermano mayor y principal inspiración, que falleciera en 1988. Sus trabajos durante el siglo 21 –Ritmo caliente (2003), Listen here! (2005), Simpático (2006)- muestran toda su experiencia y conocimiento como músico e investigador de salsa y latin jazz.

Palmieri, ganador de 9 Grammy y el primer salsero en recibir este premio, con el disco The sun of latin music (1974), es una leyenda viva de la música latina y su energía no tiene límites. No solo acaba de lanzar, en abril de este año, el extraordinario álbum Sabiduría/Wisdom, sino que se prepara para seguir celebrando su cumpleaños 80 con una semana de conciertos en el Blue Note Jazz Club de New York, del 10 al 15 de oc­tubre, dos actuaciones por noche. Admirable.

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