Hagamos magia

“Una buena historia sazonada y sin muchas pretensiones, además, articulada con una interactividad lúdica permanente, persuade al auditorio".
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El mundo empezó mágicamente. La creación (para los creyentes) no pudo ser más mágica. La evolución es laica, pero tiene su toque mágico. La magia está por todas partes. El amor es un supremo acto de magia total. Solo hay que detenernos un instante y seremos sorprendidos. Quienes explican el mundo a través de la magia son los niños. Los adultos buscamos el fraude. Sin embargo, hay momentos que se puede simular lo mágico. Es por eso que en las artes escénicas existen diversos formatos para representar nuestros imaginarios. Uno de ellos es el espectáculo de magia, a veces confinado a asuntos familiares celebratorios o mero entrenamiento sin densidad. Es decir, el mago como un truquero. El reto es mayúsculo ya que los bordes entre lo permitido como verosímil a ser un mero y vulgar truco es endeble. Además, hay que hacerlo seductor ya que el público involucrado está súper atento para ver el hilo invisible del artificio. Los adultos somos los que más estamos preocupados por ver las costuras. Más en estas tierras peruanas donde todos nos engañamos. Somos escépticos a punta de tantas mentiras.

Empero, la obra presentada en el MALI, intenta mostrar teatralmente parte de las vicisitudes del aprendiz de magia. Es evidente que el pacto tácito es que asistimos a una situación donde hay dos posiciones que ven distintamente el evento escénico. Por un lado, los infantes que advierten ante sus ojos tal como tienen ordenado el mundo: mágicamente. Entonces, necesitan revalidar intensamente esa forma de percepción. Por lo tanto, es contraproducente cualquier acto que cuestione el pensamiento mágico. Lo que suceda en el proscenio tiene que legitimar el ordenamiento mágico del universo. Luego, los adultos, más escépticos, más duros, a veces resignados a ver la dulce falsedad que sucede. Pero otras veces, cuando hay una conciencia de un espectáculo mayor, el gozo puede suceder. Y eso es lo que pasa en esta puesta. Una respetuosa combinación de teatro, magia y música hace que los transitorios momentos sean una posibilidad alterna de la dura realidad limeña. Una buena historia sazonada y sin muchas pretensiones, además, articulada con una interactividad lúdica permanente, persuade al auditorio y siempre son buenos ingredientes para su efectividad. En el trasfondo está siempre un buen guion y un compromiso sincero de los actores. Por supuesto, dando por descontadas las destrezas escénicas.

Hechizar con mucho esfuerzo

El ángel y la entrega decente de Alexander Rubio y Mario Soldevilla, como los hermanos magos en clandestina disputa por heredar los poderes prodigiosos, da también una lección de humildad a aquellos que creen que las cosas vienen regaladas. Más bien, revalora el trabajo arduo, la concentración sistemática, la meritocracia. Valores tan venidos a menos actualmente. De ese modo, tener la capacidad de encantar y hechizar no es sino resultado de un esfuerzo metódico. Buena lección para los niños. Los adultos seríamos más escépticos ante esa posibilidad. Sabemos que en el Perú hasta lo más noble puede ser corrompido. Y al imperativo de cómo es la nuez, se resuelve casi todo.

El timón de la dirección se nota, con los objetivos claros y las acciones desplegadas. Una ruta que ensambla los géneros planteados y lo vuelve un espectáculo respetuoso del receptor. Sin mucho malabarismo, más concentrado en mantener la atención del auditorio, usan los recursos escénicos imparablemente. Se sabe que la mitad del público es incansable, exigente, y muestra a gritos su posición. A ellos se les ve satisfechos. Por lo tanto, el impacto más importante ha ocurrido. Las tablas y lo que transcurre allí es fantástico para los preciosos ojos de la tropa de niños. Estamos, entonces, ante una propuesta que reitera la ficción como una necesidad existencial, al horizonte de la magia como un puente de interiorización, a la presentación de conductas positivas para reafirmar la posibilidad de logros a punta de trabajo, a recordarnos que la magia habita desde tiempos inmemoriales con y entre nosotros, aunque la mayoría de veces la hemos ido olvidando. Al salir de la sala y ver a mi pequeña pelirroja convirtiéndome en colores, hechizándome con su varita, y susurrándome con su abracadabra personal, extiende lo disfrutado a la calle, a la selva de cemento.

FICHA:

Director:  Armando Machuca

Guion: Alexander Rubio y Mario Soldevilla

Actúan: Alexander Rubio y Mario Soldevilla

Lugar: Auditorio AFP Integra del MALI, Parque de la Exposición, Lima.

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