12 Sep, 2017

GOBERNAR BIEN PARA COMUNICAR MEJOR

En la comunicación de campaña se venden valores y promesas para construir una imagen, es teatro puro, se transmiten ideas e ilusiones.

La tesis de que los problemas de comunicación y no de gestión son la esencia de la impopularidad de los gobiernos y grupos de  oposición, es falsa. Generalmente es una coartada para no reconocer que lo que debe mejorar es la gestión.

 

“La diferencia entre el buen y mal gobierno, es que sus hechos y no las palabras hablan por él”, decía un viejo líder parlamentario inglés “una vez que se hace una buena gestión de gobierno, llega el momento de comunicar”. Más claro ni el buen pisco.

 

En mis 30 años de consultor político, siempre les digo a mis asesorados, candidatos para competir en elecciones, “el  primer deber de un candidato es comunicar, a diferencia del estadista o gobernante cuya primera ocupación es la de gestionar con hechos y resultados el poder”. Uno es el teatro electoral, otro el drama de dirigir el Estado.

 

En la comunicación de gobierno se comunican símbolos y estos son obras, programas de salud, progresos en la vida de las personas, que concretan en parte los valores y aspiración de la gente. Pero estos hechos deben tener tal contundencia y evidencia que no dejen resquicios de duda, para tener sostenibilidad y credibilidad a largo plazo.

 

En la comunicación de campaña se venden valores y promesas para construir una imagen, es teatro puro, se transmiten ideas e ilusiones, se afirma el liderazgo soñado, se trata de crear la sensación de acceso del ciudadano al poder.

 

Más aún en la era de internet adonde la popularidad y evaluación de un candidato se juega en la arena de las redes sociales. ¿Para qué necesito un congresista si yo puedo representarme solo vía mi computadora o celular?

 

En el caso de la oposición,  haberse creído que no son gobierno por manejar el Congreso, que no les corresponde sumarse en gestiones de obras o beneficios para los electores, comunicando conflictos, denuncias, puede ser electoralmente fatal.

 

Tan fatal como que el gobierno escuche poco lo que pide el pueblo o gobierne sin hacer política, demasiado pegado a los líderes económicos, comunicando indiferencia a la inmensa mayoría de ciudadanos del país.

 

Gobernar bien, para comunicar mejor, es la esencia de la política moderna.