22 Jul, 2017

Giovanni Rocío: El Perú de los “Anti”, hasta cuándo

La verdad por un momento tenemos que dejar a los Anti, que incluso hasta en el mismo fujimorismo, ahora están los Anti-Kenji.
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Por: Giovanni Rocío

Cuando Fernando Salcedo, quizás al mando de Hugo Otero, luego del desastroso primer gobierno de Alan García, era muy difícil que Alva Castro, candidato Apris­ta, consiguiera lograr salir victorioso. Los votos se pola­rizaron entre Mario Vargas Llosa (sí, el mismo que sirvió de Garante en la elección anterior de Ollanta Huma­la) y Alberto Fujimori (sí, el mismo que se encuentra en la misma cárcel con Ollanta Humala).

La votación fue Anti-shock. El shock económico que pro­puso MVLL y un político des­conocido Alberto Fujimori. Que al final realizó el shock, que tanto satanismo logra­ron embutirle. En los 90, el Apra, la izquierda (que po­cas veces saben hacia dónde van, como el ultimo apoyo al ultraderechista PPK, solo por un Anti).

Nuestro país está al parecer predestinado a vivir en un constante Anti.

Mucho más que a un aná­lisis de gestión y de propuestas. Mientras todos nos en­contramos atrapados en los Anti.

Al frente tenemos, como un país, que por ubicación, por recursos naturales, tenemos absolutamente todo para ser potencia mundial.

Pero no, vivimos en base a los Anti. Y eso marca la pau­ta. En estos momentos de frío, no es absolutamente nada en comparación con lo que viven en ciudades de Puno, Huancavelica, incluso en Lima misma. Pero jamás encontraremos en agenda una política de Estado un Anti-friaje.

Pero ese no es un tema de agenda. Por encima de ver­daderos temas de preocupa­ción, están los Anti. Por ejem­plo, el tema de encontrarle una solución al puente del Derby, que decenas de miles de personas lo padecen a dia­rio. Tenemos los Anti.

La verdad por un momen­to tenemos que dejar a los Anti, que incluso hasta en el mismo fujimorismo, ahora están los Anti-Kenji.

En qué momento dejare­mos el Anti y nos propondre­mos en realmente unirnos y buscar un mejor país, mu­cho más productivo, pero sobre todo mucho más in­clusivo.

Para eso debemos de dejar que todo lo que hizo nuestro antecesor fue malo, no solo en la política, a veces hasta en el trabajo y en la vida misma encontramos en el progreso del otro, el Anti. Porque sí y yo no.

Quizás ese sea el mayor mal endémico de nuestra sociedad.

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