5 Abr, 2018

Frente al Guernica de Picasso

“Analizar cada punto, cada trazo sin color derramado sobre esa obra, que para mí estuviese roja de sangre".
Frente al Guernica de Picasso
Frente al Guernica de Picasso

Por Borka Sattler

Otra vez estuve ante la obra pictórica del maestro de los maestros, el que ha influido en todo el arte contemporáneo, el que con pinceles y colores ha desarrollado poesía. Me refiero a Pablo Picasso (1881-1973) en toda su trayectoria, pero especialmente en ese inmenso cuadro El Guernica (1937), que no solamente es una obra visual sino un documento del sentir humano, una gran extensión de símbolos de sufrimientos de una época oscura de la historia.

¿Quién podría como él representar con trazos tan escuetos toda la decadencia del hombre? ¿Quién podría arrancar del ser humano la tragedia de la guerra, la incomprensión, la injusticia y la debilidad de la gente que tiene el derecho a existir?

Pablo Picasso, otra vez en el Museo Reina Sofía en Madrid, no me queda más que seguir admirándote. Analizar cada punto, cada trazo sin color derramado sobre esa obra, que para mí estuviese roja de sangre. Ese rojo que no se ve en ella, pero se siente.

Tú has sido cauto y has contenido el color de ese líquido elemento que pasaba por tus venas en ebullición. El cerebro es blanco y de allí  se cuenta cada porción de la obra en un perfecto lenguaje para trasmitir lo acontecido.

Veo El Guernica como un documento que clama para ser oído.

La obra no está dividida, sigue una trayectoria de imágenes y movimientos donde se oyen gemidos humanos y relinchos de caballos, voces y gritos. El sufrimiento humano no se esconde, se expresa a borbotones desgarrando las fibras del entendimiento.

Durante la Guerra Civil Española, un nefasto 26 de abril de 1937, la ciudad de Guernica fue sometida a bombardeos por parte del nazismo, dicen que para probar el armamento y así sojuzgar las fuerzas republicanas contrarias.

Ese mismo año de 1937, Pablo Picasso, que ya vivía en Francia, fue comprometido a colaborar con un mural de gran tamaño en el Pabellón Español de la Feria Internacional de París. Era importante para los republicanos esta presentación y quién mejor que el Maestro Picasso para contribuir a la causa española.

 

Agonía de su país

Quiero explayarme en la realidad política del momento y ver al Maestro más que como un artista. Como un comunicador en un lenguaje plástico que no requiere tanta elaboración en definir figuras con sombras y volúmenes, sino con rasgos de dibujos que son líneas encerrando toda su expresión. El cuadro le fue encomendado seis semanas antes de la exposición y Picasso usó para componerlo estudios que había venido haciendo. Es por eso que para lograr esta obra, que supera a cualquier otra del arte contemporáneo, él tenía ya en su mente el sentimiento de agonía de su país. Esta es una apreciación personal y pienso que ese cúmulo de gritos y protestas que el Maestro tenía en sus entrañas tuvieron la oportunidad de mostrarse con el lenguaje que él más conocía: la plástica.

Cada porción de espacio en Guernica, y entre planos superpuestos de trasparencias y claroscuros, revela diferentes personajes en trazos esquemáticos, que llevan consigo la tragedia expresada, sublimando la línea para trasmitir perfectamente la emoción aplastante de la injusticia, de los bajos instintos del hombre, del horror y el sufrimiento. La obra sigue una trayectoria de imágenes y movimiento que emite incluso sonidos de gemidos humanos y relinchos de equinos y hasta el clamor de la tierra que no se ve pero se siente. El conjunto está suspendido y vibra con las pulsaciones del autor.

La madre con el niño muerto en sus brazos es una de las escenas más sobrecogedoras, esa mujer con cara al viento y llevando contra su vientre los despojos del ser al que dio vida, es un completo delirio de angustia. Las cabezas de personas que expresan incomprensión y el caballo y el toro que representan la tauromaquia, se muestran en el fragor de la tragedia. La rigurosa ejecución de la obra en la expresión de ojos, bocas, manos y pies es un verdadero clamor, como el guerrero muerto en una esquina del lienzo. El sol de España se muestra como un personaje que ilumina lo bueno y lo malo, no es redondo sino alargado y necesita un foco de luz.

Cada vez descubro algo nuevo en el Guernica. En esta ocasión, la tenue flor que sale del cuchillo del guerrero muerto.

Durante la Segunda Guerra Mundial y muchos años después, el Guernica estuvo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En 1978 regresó a España y se decidió que sería el Casón del Buen Retiro, parte del Museo del Prado, donde se exhibiría. Cuando se inauguró el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ofreció al magistral cuadro de Pablo Picasso su nueva y permanente residencia en la que pude volver a admirarlo sobrecogedoramente el pasado mes de febrero.