Ellas son madres en su hogar, pero protectoras de miles de peruanos

Una bombera, una médica del SAMU y la suboficial que rescató a una menor en Ucayali cuentan algo de sus experiencias y trayectorias.

Por Josselyn Revilla / César Zúñiga

Historias. Una bombera, una médica del SAMU y la suboficial que rescató a una menor en Ucayali cuentan algo de sus experiencias y trayectorias. Dedican su vida a velar por la integridad de sus familias y compatriotas, en empleos que les exigen el máximo esfuerzo.

Susan Tong Laurel empezó en el Cuerpo General de Bomberos en el año 2000, cuando tenía 17 años. Han pasado casi dos décadas y las experiencias vividas la volvieron de acero. Ahora es madre de dos niños que son su aliento ante el infier­no que ve a diario.

Su trabajo es el manejo de autobombas y maquinarias de rescate en la estación Ga­ribaldi 6, en la cuadra 2 de la avenida Huaylas, en Cho­rrillos. Aunque también ha colaborado en rescates por incendios y accidentes. “Lo principal es la discipli­na y la obediencia”, añade. Ello debido a que un error puede cobrar la vida de las personas en peligro o de sus propios compañeros.

Susan es una todoterreno. De día es madre, tiene un negocio de confección y es­tudia administración. Y por la noche, como toda una heroína, sale a salvar vidas, enfundada en su traje rojo. “Regreso a casa trayendo el pan, y ni se dan cuenta que he salido”, comenta con humor. Su esposo también es bombero.

Sus hijos son conscientes de la labor que desempeñan sus padres, y les encanta. Es más, siempre piden que los lleven a la estación o a los desfiles en los que partici­pan. “Se cuelgan en las cuer­das y arneses. Lo adoran”, dice, tras admitir que estaría muy orgullosa si sus peque­ños siguieran sus pasos. “Les hemos enseñado conceptos básicos”, assegura. Por ejem­plo, apenas se enteraron del caso de Eyvi Ágreda, con­versaron con sus hijos para explicarles qué deben hacer ante un hecho así. “Para los bomberos salvar una vida es lo principal, a veces es chocante porque ves cosas que nunca imaginaste, pero lo superas porque tienes que actuar”, resalta.

Siempre alerta

Desde pequeña siempre quise ser doctora”, co­menta Isis Ramos Manri­que, médica profesional y miembro del Sistema de Atención Móvil de Urgen­cias (SAMU). Natural de Ica y con 37 años de edad con­sidera que ser profesional y mamá no es sencillo, pero que Ayzel, de 5 años, y Sha­lise, de 3, son las dos moti­vaciones que la impulsan a seguir adelante.

Tras el nacimiento de su segunda hija recibió la no­ticia de su ingreso al SAMU. Fue un momento muy com­plicado, pues con apenas 3 meses de nacida tuvo que dejar a la pequeña al cuida­do de un familiar. “Se me hizo tan complicado, pero todos los sacrificios que hago son por ellas”, resalta.

En medio de ambulancias y ruido de sirenas experi­menta grandes satisfac­ciones, como el día en que ayudó a traer una vida a este mundo. Hace tres años reci­bieron la alerta de una joven en labor de parto. La casa se hallaba en la parte más alta del cerro San Cosme.

Ese día, recuerda, tuvie­ron que caminar mucho y cuando llegaron la mujer se encontraba muy asusta­da. “Tuve que tranquilizarla y decirle que todo iba salir bien”, narra. Agrega que en esta zona no había luz y tuvo que ser apoyada por los veci­nos, que alumbraban con sus linternas. “Cuando nació la bebé nos emocionamos, nos abrazamos incluso nos pusimos a llorar, fue increí­ble”, afirma.

En su casa vive la misma emoción cada vez que llega del trabajo. Ayzel, la mayor de sus hijas, entiende a la perfección su labor y siem­pre la recibe con un gran abrazo. Incluso le ha con­fesado que al igual que ella desea estudiar medicina. “Al margen la profesión que elija, yo siempre la voy a apo­yar”, asegura, orgullosa.

Al rescate

Hace unos días participó en el rescate de la pequeña Alexandra, quien fue en­contrada luego de 36 días de desaparecida, en una co­munidad nativa de Satipo, en Junín. La suboficial Zin­nia Palomino Santos, de 30 años, confiesa que encon­trar a la niña ha sido una de las mejores experiencias en su carrera policial.

Madre del pequeño Dylan, de 4 años, señala que su vocación de servir a los de­más fue motivo suficiente para elegir ser policía. En la actualidad trabaja en la sec­ción familia de la comisaría de Mazamari, y aunque dijo que los casos de violencia contra la mujer que atien­de a diario le afectan como persona, una vez que llega a casa se enfoca solo en su hijo. “Cuando salgo del tra­bajo lo único que deseo es estar con mi hijo y darle lo mejor de mí”, comenta.

Además, cuenta que to­dos los días se levanta a las 5:30 a. m para alistar la lonchera y la ropa de Dylan, una vez que todo está listo se da el tiempo para desa­yunar con él y luego dejarlo con su hermana, quien la apoya llevándolo al cole­gio. Solo en los días franco (descanso) es donde puede recoger a su hijo de la es­cuela y salir a pasear con él. “Ser policía y mamá no es fácil, pero cumplo ambos roles con todo el amor del mundo”, asegura.

Su hijo entiende su trabajo y aunque a veces le reclama el poco tiempo que está en casa, siempre le pide que “capture a los malos”. Por ello, Zinnia siempre le re­cuerda la importancia del respeto a los demás, en es­pecial a las mujeres. “Siem­pre le digo que a una mujer no se le toca, nosotros los padres tenemos que ser los primeros educadores de nuestros hijos”, acota esta madre, que como muchas en este país hace malabares para cumplir con su vida personal y su trabajo, y todo por amor.

Son más de 8 millones

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Es­tadística e Informática (INEI), las madres en el Perú suman ocho millones 741 mil. Esa cifra es el 68.8% de mujeres de 12 a más años en todo el país. Ellas tienen, en promedio, 2.4 hijos, refiere la institución.

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