OPINIÓN | César Campos: El poder callejero  

Y nadie los toca. Representan “el sentir popular”. Arman las mesas de negociaciones y obligan a ministros a sentarse frente a sus directivos.
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La quema de un patrullero en pleno centro de Lima, durante la segunda marcha promotora del cierre del Congreso, simboliza toda la imagen de dubitación, debilidad y sumisión al grito callejero que – legítimamente y a pulso – este gobierno de 75 días se ha ganado. El vandalismo no es el clímax de este cuadro: es el punto de partida de una espiral de violencia que grupos concretos y muy bien organizados fomentan ante comprobaciones indubitables de la fragilidad política y decisoria del Ejecutivo.

Es sabido que el conjunto de niveles de intermediación oficiales en el Perú ha sido vulnerado a lo largo de las últimas décadas. Gobiernos central, regional y local, poderes legislativo y Judicial, partidos políticos, han visto reducirse los grados de su imperio sobre la ciudadanía. Hace tiempo que manda la calle, la algarada, los “frentes de defensa”, los liderazgos paralelos ante los cuales – la mayoría de veces – todos los anteriores bajan la cabeza. Es vergonzoso, por ejemplo, ver a parlamentarios convertidos en marionetas de coterráneos cuya única legitimidad proviene del tiempo que dedican a azuzar a las poblaciones.

Y pasa que estos azuzadores tienen recursos para ello. Es su modo de vida. Inflan las planillas de ONGs que carecen de la estricta supervisión pública a la cual los ciudadanos comunes y corrientes sí estamos sujetos (SUNAT, UIF). Su tarea es imponer la agenda de esas ONGs y ya no complementar las labores del Estado.

Y nadie los toca. Representan “el sentir popular”. Arman las mesas de negociaciones y obligan a ministros a sentarse frente a sus directivos. Este espacio se ha visto engrandecido durante la corta gestión del presidente Martín Vizcarra.

El mandatario ya había dado muestras de la tembladera que le suscitan los gritos estentóreos siendo ministro de Transportes. Visitando la zona de Huaycoloro durante los embates del Niño costero a inicios del 2017, un grupo de invasores de terrenos protestó ante Vizcarra contra la reubicación de cientos de familias asentadas en los márgenes del rio, la cual había sido coordinada por empresas privadas de emporio industrial de Huachipa; con su plata, sin un centavo de erario nacional. Dicha reubicación perjudicaba el negocio de los invasores que vendían a bajo precio las áreas de los márgenes ribereños.

¿Qué hizo Vizcarra? Las imágenes de TV lo tienen registrado: le dio la razón a los invasores.

Así no es posible seguir. No tenemos gobierno. Hoy manda el poder callejero.

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