El día mundial del teatro

“El teatro representa la vida misma. Es decir, sus contradicciones, sus antagonismos, sus posibilidades, su optimismo, sus variantes, su misma fugacidad"
El día mundial del teatro El día mundial del teatro

Por:  Rubén Quiroz Ávila

Cada 27 de marzo desde 1961 se celebra en una cantidad importante de países un fabuloso ritual de una de las maneras colectivas de representación tan sublimes como influyentes. Así, festejar conjuntamente la necesidad de convivencia y la ficción se torna imprescindible. Estos procedimientos escénicos de interpretar lo que sucede, de evidenciar la materia de la que estamos compuestos como género, de plantear historias para contar a través de personajes de carne y hueso, han sido horizontes vitales que nos recuerda su antiguo origen como su permanencia. El teatro representa la vida misma. Es decir, sus contradicciones, sus antagonismos, sus posibilidades, su optimismo, sus variantes, su misma fugacidad, sus experimentaciones tecnológicas, no son sino la plenitud que como humanidad nos descubrimos.

Esos instantes en que se desarrolla una puesta y los espectadores vibran, hay un pacto tácito de gozo compartido, un encuentro efímero pero esencial en la que participamos conscientemente de una ficción necesaria. Desde tiempos inmemoriales ha significado un hallazgo único de nuestras profundidades como seres humanos. Para que coexista como dador de significados y resemantice los hechos comunes siempre debe estar vinculado a su contexto histórico y cultural. Una propuesta escénica desconectada con su realidad histórica, acrítica, aunque entusiasta o voluntariosa suele ser contraproducente para reforzar la vitalidad del teatro y su valor como memoria.

Perú: profesionalización en marcha

Desde los últimos años, en el Perú hay una profesionalización de las artes escénicas tanto en su formación escolarizada institucional como en su ejecución técnica en las respectivas salas. Universidades como la PUCP, la UPC y la Científica del Sur, dan cuenta de una demanda que está siendo considerada como una profesión con todos los rigores. Hay, entonces, un grupo de jóvenes que quieren y exigen un espacio artístico para desplegar sus intereses. Además, muchos de ellos venciendo resistencias aunque cada vez más son sus círculos familiares que la promueven e incentivan. Ya dejó de ser una tragedia elegir formar parte de la tribu escénica. Por supuesto, la ENSAD, alma mater de la formación pública teatral, es tutelar e indispensable en ello. Pero el gobierno debería invertir intensamente como lo debiera hacer en toda organización educativa pública. Una convivencia entre las ofertas de instituciones privadas con un vigoroso servicio de una institución pública permitiría una democrática accesibilidad a los diversos sectores sociales. Es decir, para una porción de nuestra población que quisiera seguir estudios teatrales el sistema tiene que permitirles acceder a estudiar aun a falta de financiamiento para ello. Cualquier elitización es contraproducente para la diversidad y diferencias.

A eso se le suma los diferentes círculos de formación tanto para los que se inician como para los más diestros. Esos modelos de talleres de iniciación teatral deberían formar obligatoria del currículo escolar nacional. Su impacto como liberador de nudos conductuales, como formador de habilidades blandas, es una consecuencia que mejoraría inmensamente nuestra educación sentimental. Darían a nuestros niños herramientas para aprender a autogestionar sus recursos emotivos. Una educación teatral sistemática que atraviese las diversas capas de la etapa escolar. En consecuencia, no es solo para formar actores o actrices sino para educar la conducta.

Colaborar más que competir

Es por eso que el teatro construye una sensibilidad empalmado diversos valores. Uno de ellos el trabajo en equipo. Es una de las artes en la que colaborar más que competir es insustituible. La única competencia es con uno mismo. Esa dimensión colaborativa es inherente en todo su proceso. Todos contribuyen y se reconocen en esa contribución. No se permiten ansías individualistas egocéntricas. El gen egoísta queda descartado. Aquel que no coopere está condenado a su aislamiento. Sin embargo jamás debe confundirse ese grado colaborativo con complacencia, fraternidad con complicidad, camaradería con encubrimiento. Todo acto humano que no se cuestiona es peligroso. Nos puede crear la pérfida ilusión que poseemos la verdad. Si mantenemos una digna humildad, la experiencia teatral es maravillosa.

Es por ello que cuando celebramos el día del teatro no solo es de un gremio o un grupo de artistas heroicos. Es también un modelo de interpelación y aprendizaje como sociedad, aunque pueda parecer transitorio al discurrir las escenas, detrás hay unas vidas entregadas a mantener viva la ilusión, que se entregan transformadas en historias y personajes, obsequian lo mejor de sí, como una ofrenda permanente que nos recuerda nuestra propia brevedad.

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