El cerebro en las smart city

Las ciudades inteligentes necesitan poner la atención en la ciudad y en la ciudadanía.

En la nube es donde deberá estar el cerebro de las Ciudades Inteligentes, como una plataforma de servicios Cloud IoT, esto va a  favorecer el desarrollo de las ciudades inteligentes, ya que entre otras cosas aporta un ahorro sustancial y es la garantía de la disponibilidad de servicio y la posibilidad única de poder compartir los datos en la nube para desarrollar servicios.

Debemos de tener en cuenta que el éxito para el correcto funcionamiento de una Smart City esta en la relación o binomio,  entre el open data y la Administración, éxito que  está más vinculado a la transparencia, contratación en las Smart Cities.

La sensación más o menos general es que las Smart Cities están lejos de la ciudad real. 

Sin embargo, parafraseando a alguien (que mantendré en el anonimato), digamos que “de lo que se trata es de que la calle esté limpia, y no de que las papeleras tengan chips”. Esto no significa forzosamente que estos chips no influyan en que la calle esté realmente limpia, pero sí que el camino entre una y otra cosa es lejano.

LOS PROBLEMAS DE LAS SMART CITIES.

Alcance mal definido. 

Si no asociamos el modelo Smart al desarrollo de la ciudad el proyecto carece de propósito real. ¿Qué empezamos a implantar, medir y abrir?

¿Dónde centramos los recursos y la atención?

¿A quién hablamos primero?

Identificación del resultado. 

¿Cómo podemos saber si hemos creado bien una ciudad inteligente?

Más allá de que la estructura esté allí, no podemos saber si ha logrado algo en la ciudad. No podemos saber si hemos logrado algo que no nos hemos propuesto.

Seguimiento de los progresos.

Este tipo de proyectos llevan mucho tiempo en desarrollo y construcción, lo que puede generar enormes desviaciones.

Hacer un control de que los avances van sobre lo establecido es básico para evitar grandes problemas. Sin embargo, esto sólo se podría fijar en hitos internos del proyecto, pero no de su impacto en la ciudad.

Por ejemplo, podemos saber si tenemos monitorizadas las ambulancias, pero si no asociamos eso a la “vida real” puede que estemos construyendo un error.

La mejora del modelo. 

Sin objetivos, ni resultados, ni medición de los avances es imposible mejorar algo. Podemos mejorar (y seguro que se ha hecho) el modelo de implantación del proyecto, pero difícilmente sus resultados.

¿Cómo empezar a pensar en el final que debe tener y no en el principio?

Es algo muy anti-intuitivo. Y sin embargo, esto es lo que construye una burocracia.

LO QUE NECESITAN LAS SMART CITIES: MÁS CITIES QUE SMART

Las ciudades inteligentes necesitan poner la atención en la ciudad y en la ciudadanía. 

En primer lugar es necesario plantear para qué queremos implantarla. 

No es el por qué, sino lo que esperamos que se logre en la ciudad a través de ella. Es lógico pensar que crear toda esa infraestructura tecnológica y social requerirá años, muchos años.

Por lo tanto, posiblemente trascienda la vigencia de un programa de gobierno, pero posiblemente no un plan estratégico.

El aparataje tecnológico debe estar alineado con los planes de la ciudad para poder priorizar y centrar atención en los puntos reales de la gestión.

Este planteamiento nos llevaría al siguiente punto: la ciudad inteligente tiene que estar integrada en la propia ciudad.

El aislamiento entre la Smart city y la política real de la ciudad desdobla la realidad entre “digital” y presencial. No hay posibilidad de integrar a la ciudadanía y a las instituciones en un modelo tecnológico aislado de la sociedad.

Las Smart Cities deben ser también ciudad, en la que interactúe la comunidad para poder incorporarla a la realidad cotidiana.

Por último, hay que situar en el centro a la ciudadanía. La creación y tratamiento de datos de la ciudad en su conjunto facilitan que perdamos el foco real de la acción pública.

La comprensión del conjunto de los datos de la ciudad puede hacernos perder la óptica de la ciudadanía.

Existe el riesgo de un metro-centrismo, esto es, centrarnos tanto en el conjunto de la ciudad que olvidemos las comunidades y personas que la componen.

Una Smart city debe pensar primero y principal qué modelo de ciudad quiere contribuir a crear. Se trata de definir el papel que debe jugar la tecnología en sus resultados e impactos en la comunidad.

DEBEMOS APRENDER DEL PASADO.

Curiosamente nada de esto es nuevo. 

Es algo que llevamos escuchando aplicado a otros ámbitos de la gestión pública desde hace años.

  • Actuar con un objetivo real y medir los avances para mejorar.
  • La cuestión es que, curiosamente, en estos procesos tan avanzados actuemos de la misma manera que hemos errado en modelos como la burocracia.
  • La idea de las Smart Cities y de generar, compartir y actuar con datos, pero no olvidemos que estos son solo un instrumento para que la comunidad avance como lo desee.

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