Donde viven los barbáros

“Todos somos lobos, crueles, mentirosos pero lo justificamos con cualquier relato religioso, ideológico, familiar".
Donde viven los barbáros Donde viven los barbáros

Espléndida. Eso resume la propuesta del grupo Bonobo. Una lección de teatro latinoamericano inteligente, corrosivo, con brillantez en todos los niveles. Hemos asistido a un fenómeno teatral que da señales luminosas de la movida chilena actual. Si por allí va el teatro sureño, estamos ante una madurez inspiradora. Con un guion tan perspicaz, cuestionador, cual diagnóstico de los fantasmas de la sociedad chilena actual y sus conflictos con las otredades, se logra, con un despliegue actoral virtuoso, una escenografía pertinente y conectada con la intención de la puesta, nos lleva a un aplauso de pie y permanente.

Esta espléndida puesta se desarrolla en el Festival Internacional de Teatro Temporada Alta, surgida en España y en su tercera y mejorada edición limeña, bajo la batuta de la productora Animalien, con el amparo de la Embajada de Francia, la Alianza Francesa de Lima como sede principal, el apoyo de la Universidad Científica del Sur, casi un patronato del teatro, nos brinda un muestrario de las fronteras escénicas actuales y por dónde discurre sus agendas. Es decir, cumple una función de actualización del conocimiento de las rutas teatrales. Por lo menos, de un grupo de ellas. Por eso, la curaduría de todo festival es fundamental. Exige una conciencia sobre el rol de filtro de calidad y variedad. Esa responsabilidad es clave para que el catálogo sea robusto, sorprendente, ecuánime. De esa manera su pedagogía cumple un objetivo, además de placentero, una ruta de aprendizaje para el lugar donde se desarrolla. Es por ello que es más que una vitrina. Es primordialmente un riquísimo intercambio de saberes, un laboratorio de vanguardia donde uno experimenta estremecimientos y no solo para el espectador estándar sino para la gente del mundo teatral. Una escuela intensiva de clases modelo.

Texto mordaz

Es por esa excelente clasificación, un buen ojo selectivo, que hemos gozado de una las puestas más espléndidas del verano limense. Donde viven los bárbaros, tiene un texto mordaz de Pablo Manzi, cuya poética cáustica va al tuétano de la forma de convivir actual. En un reencuentro de primos como disparador del conflicto los fantasmas comienzan a aparecer y atacar. Pero la mayoría de veces los fantasmas no existen en sí mismos sino son proyecciones nuestras. Es decir, nuestras oscuridades interiores siempre nos juegan mala pasada. Es más el prejuicio que lo real. Nos movemos más por lo que imaginamos que son las cosas, cruzados por los temores y pánicos. El otro lo fabricamos. O lo sublimamos o distorsionamos. La otredad es una construcción. Cuando Europa colonizó América, elaboró un discurso para sujetarnos y subordinarnos. Se inventa al enemigo para subyugarlo. Ese síndrome colonial atraviesa la obra.  Es que nuestra tensión histórica se explicita en lo cotidiano. La catalogación del oponente decide la existencia. El solo hecho de convertirlo en enemigo ya es una etiqueta que se convierte en parte de la estrategia de dominación. De ese modo, en esa noche de develamientos, los familiares van desnudando sus espantos. Con un ritmo escénico bien llevado, las palabras del dramaturgo adquieren un filo que atraviesa nuestras mentes y la interpelan. Es un espejo de nuestras miserias. Y no nos gusta vernos cuando lo que presenciamos no nos favorece. Y lo ocultamos engañándonos. Entonces somos embestidos implacablemente por nuestros desasosiegos.

En la puesta la dinámica de esa forma de ver el mundo y sus propios abismos irresueltos se manifiestan espectacularmente. Así, su impacto en el espectador es lapidario. Nos vemos y nos cuestionamos. Somos racistas, discriminadores, cobardes. Un coctel de contradicciones e incapaces de actos de bondad. Esa cicatriz de nuestra malévola naturaleza humana está en nuestros genes. Todos somos lobos, crueles, mentirosos pero lo justificamos con cualquier relato religioso, ideológico, familiar. El hombre nace malo y solo. Esa desolación es la verdad que nos estalla en la cara. Esta obra nos ha despertado de la complacencia, la zona de confort patrañero que nos ha acostumbrado las funciones teatrales peruanas reinantes.

FICHA

Festival Teatral de Temporada Alta

8 al 25 de febrero de 2018

Lugar: Alianza Francesa de Lima

 

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