30 Oct, 2017

Día de la Canción Criolla: Su majestad, la guitarra criolla

“La guitarra peruana es resultado de una maravillosa evolución artística que transformó a este popular instrumento de cuerdas en sinónimo de nuestra identidad nacional”.

No podemos hablar de música criolla sin pensar en los bordones y trinos de guitarras que conforman el vals peruano, versión en miniatura del grandioso vals vienés, exportado de los lujosos salones de Europa y adaptado a los callejones de barrios populares limeños desde finales del siglo 19, que fue enriqueciéndose gracias a las talentosas manos de expertos músicos formados en interminables jaranas familiares y serenatas enamoradas.

 

Durante las primeras décadas del siglo 20 se gestó la llamada “Guardia Vieja”, un bagaje musical difícil de rastrear por obvias razones tecnológicas que evolucionó hasta llegar a los años cincuenta, en que aparecieron guitarristas como Óscar Avilés, Pepe Torres, Alberto Urquizo, Víctor Reyes, entre muchísimos otros, quienes recogieron los estilos desarrollados en cada barrio. No era lo mismo escuchar a un guitarrista de Breña, del Callao o de los Barrios Altos. Cada uno poseía su estilo y sonido propios.

El genio innovador de Carlos Hayre

En los sesenta fue importante la figura del músico afroperuano Carlos Hayre, quien innovó el toque criollo combinándolo con influencias foráneas. Mientras el público debatía entre Óscar Avilés y Pepe Torres para designar al mejor guitarrista del Perú, Hayre iba formando a una nueva hornada de músicos que se adaptaron a esta evolución sin perder de vista las raíces criollas. Sus trabajos discográficos con los cantautores Manuel Acosta Ojeda y Alicia Maguiña son de revisión obligatoria para quien quiera entender el verdadero sonido de la guitarra criolla peruana.

 

Tras la dictadura militar, el nivel de apreciación que tenía el público en general de nuestros valses y polkas retrocedió, aunque siguieron apareciendo artistas populares como Eva Ayllón, Cecilia Barraza, Pepe Vásquez o Manuel Donayre. Sin embargo, la nueva apertura a escenas musicales extranjeras hizo que los medios se olvidaran de lo criollo y lo relegaran de las programaciones radiales e incluso quedó fuera de los planes de educación pública, convirtiéndose en placer de minorías populosas, incapaz de conseguir una real masificación, pues era percibida como música para gente pobre o antigua, desfasada.

Utilizada por el marketing

Eso cambió a finales de los noventa, cuando la noción de “identidad” fue abrazada por los expertos en marketing político e incluso adquirió fuerza como elemento de estatus socioeconómico y culturoso. Como ocurrió con el pisco sour, los nuevos públicos orientados al consumo decidieron que escuchar música criolla era “cool” y la incorporaron a sus preferencias. Las tendencias dominantes en sectores como el turismo y la gastronomía se unieron al carácter festivo de nuestra música para darle renovado impulso a sus canciones y estilos, aunque con modificaciones que no siempre han ido de la mano con el buen gusto.

 

Actualmente muchos músicos prefieren tocar los valses lentamente, como si fueran baladas, desnaturalizando su esencia. No todo tiene por qué sonar fusionado, en especial porque generalmente no se consiguen buenos resultados, aunque los medios masivos impongan esta tendencia como sinónimo de la modernización de nuestra música. Tampoco basta que las grandes mayorías acepten todo aquello que les sea presentado como “fusión” para aceptar ese estilo que  se aleja drásticamente del verdadero sonido de las guitarras criollas.

Auténtico toque criollo

El toque criollo, presente en conjuntos como Fiesta Criolla, Los Embajadores Criollos, Los Troveros Criollos y muchos otros, muy activos en estudios de grabación, radios y canales de televisión durante los años cincuenta y sesenta, fue cultivado en años posteriores por guitarristas de extremada calidad técnica y conocimientos armónicos que complementaron lo criollo con otros géneros sin dejar de lado ese sabor, esa calle que hace a los músicos tradicionales peruanos. Gracias a ellos todavía es posible disfrutar del auténtico toque criollo, una de las más importantes manifestaciones del mestizaje y la diversidad que nos caracteriza como nación.

 

Entre los mejores guitarristas criollos peruanos tenemos a Óscar Avilés, Pepe Torres, Carlos Hayre. Una segunda generación incluye a Álvaro Lagos, Félix Casaverde, Julián Jiménez, Lucho González y Willy Terry. Y entre los más recientes podemos mencionar a Yuri Juárez, Carlos Ayala, Renzo Gil y Ríber Oré, de notable destreza tanto en géneros peruanos (música criolla, andina, norteña, negra) como en estilos internacionales, logrando resultados extraordinarios.

 

La guitarra peruana es resultado de una maravillosa evolución artística que transformó a este popular instrumento de cuerdas -que llegó desde España con la Colonia- en sinónimo de nuestra identidad nacional.