COLUMNA | Tineo Rendón: Polo Campos (1932-2018): Canciones que el Perú moderno no merece

Se puede discutir si Polo Campos fue nuestro mejor compositor, pero fue sin duda el más popular.
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El pasado miércoles falleció a los 85 años, el compositor peruano Augusto Polo Campos. Sus inspiradas letras, escritas por él “sin haber leído nunca un solo libro” como varias veces declaró, son poesías musicalizadas en tiempo de valses, polkas y tonderos, que han sido interpretadas por todos los mejores artistas locales en las últimas seis décadas –desde Los Troveros Criollos hasta Juan Diego Flórez- y algunos renombrados internacionales como Raphael, Julio Iglesias, María Dolores Pradera, entre otros.

Polo Campos dominó el arte de la palabra conmovedora sin sonar sobreactuado, talento que le permitió cumplir encargos de gobiernos antagónicos y sucesivos. Velasco Alvarado, Morales Bermúdez y Belaunde Terry usaron sus servicios para inflamar los sentimientos nacionalistas de la población, en su versión más superficial y populista, por supuesto.

Conocida es, por ejemplo, la anécdota de marzo de 1977 en que el entrenador Marcos Calderón hizo una excepción a su férrea costumbre de no dejar pasar a nadie a los vestuarios para permitir que Polo Campos, acompañado de la dupla Óscar Avilés-Arturo “Zambo” Cavero, entrara con camiseta y todo para cantarle a Cubillas, Chumpitaz y compañía, antes de un decisivo partido frente a Chile, por las eliminatorias al Mundial Argentina ’78. Hoy que se celebra nuestro retorno a los campeonatos de fútbol, lo que más sonará antes de cada partido que juegue la selección de Gareca será esa misma canción, Contigo Perú. Del mismo modo, en 1988 escribió De la victoria a la gloria, dedicada al equipo de Alianza Lima fallecido trágicamente el 8 de diciembre de 1987.

 

El compositor más popular

Si Chabuca Granda fue la más internacional; Manuel Acosta Ojeda el compositor e investigador acucioso; Alicia Maguiña la autora que integró e interpretó nuestra alma mestiza; y Nicomedes Santa Cruz quien elevó como nadie la cultura afroperuana a niveles de arte global… ¿Qué fue Augusto Polo Campos en la música criolla? En muchas de las notas que aparecieron al día siguiente de su fallecimiento se leía una grandilocuente frase hecha: “el más grande compositor peruano”. No sé si el más grande pero sí el más popular. Sin duda.

Títulos como Regresa (1969), Cuando llora mi guitarra (1962) o Cada domingo a las doce (1975) son inmediatamente reconocibles para cualquier peruano que haya escuchado música criolla desde niño. Esto no ocurre necesariamente con José Antonio, Madre, Indio o No me cumben, representativas composiciones de los cantautores mencionados, que ya entran al terreno de los conocedores, cuyos gustos y consumos musicales trascienden lo que suelen repetir hasta el cansancio los medios de comunicación. Y yo diría algo más: Polo Campos es el compositor de aquellas canciones que el Perú no merece.

En cinco décadas de trabajo artístico Augusto Polo Campos escribió canciones que hablan de la Patria –ese concepto tan manoseado por políticos, publicistas y marketeros insensibles- de manera directa y sentimental, que apela a una profundidad que la mayoría de sus oyentes jamás tuvo ni tendrá. Resulta paradójico que himnos al patriotismo como Esta es mi tierra, la mencionada Contigo Perú (1977), el poema Mi frontera (2000) o la contundente Y se llama Perú (1970) contengan frases tan bonitas, referencias a nuestra rica historia y geografía, y que se escuchen permanentemente en un país incapaz de deshacerse de vicios sociales como el mal ejemplo que vemos diariamente en la televisión y en los accionares de autoridades y empresarios, de todos los colores y tiendas políticas; y la desunión que promueve el racismo, el poder del dinero y la corrupción.

 

Melodramática sensibilidad

Pero también escribió hermosas e inolvidables canciones de amor. Desde las poco difundidas Romance en La Parada (1965), Ay Raquel (1961) hasta las archiconocidas Regresa, Cada domingo a las doce o Cuando llora mi guitarra, todas poseen un lirismo insondable, capaz de conmover hasta al más frío y cínico de los oyentes. Estas y otras como Tu perdición (1961), Hombre con H (1975) o Cariño bonito (1977), expresan una melodramática sensibilidad a flor de piel, que contrasta con sus escándalos mediáticos y esa personalidad errática y egocéntrica (“soy más grande que Pinglo” dijo una vez).

Augusto Polo Campos estuvo muy identificado con la movida criolla limeña, a pesar de haber nacido en Puquio (Ayacucho), y sus canciones resonarán siempre en la memoria de quienes disfrutamos de nuestra música. Fue declarado Patrimonio Artístico de América por la OEA en 1987, junto al guitarrista Óscar Avilés, los cantantes Luis Abanto Morales, Arturo “Zambo” Cavero y María de Jesús Vásquez, “Reina y Señora de la Canción Criolla”, a quien consideró “el gran amor de su vida”. Sus canciones, inmerecidas por este país desagradecido, que es padrastro de sus hijos como dice César Hildebrandt, son también expresión de esa idiosincrasia marcada por la falsía y la mentira, insumos infaltables en sus canciones. Jamás la frase “te daré la vida y cuando yo muera me uniré en la tierra contigo, Perú” tuvo más sentido.

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