29 Ene, 2018

COLUMNA | Tineo Rendón: Motörhead: Rápidos, furiosos… y reales

“Cinco años antes de Judas Priest, Iron Maiden o Venom, Motörhead remeció al mundo con su estruendosa propuesta musical, combinación demoledora de la mejor actitud punk

Una de las cosas que siempre me ha hecho desarrollar mayor fascinación por músicos que por actores de cine es su incuestionable realidad. ¿Los fanáticos de Harrison Ford lo son realmente del talentoso actor o admiran el cinismo de Han Solo, la inteligencia de Rick Deckard? ¿Y habría tantos Al Pacino-lovers si no hubiese personificado magistralmente a sus temibles -e inexistentes- ídolos Tony Montana o Michael Corleone? Aun en casos en que ambas artes se conjugan hasta confundirnos -Bowie, Alice Cooper, Kiss- el músico es una representación de sí mismo, cuyos matices no le fueron dictados por nadie.

En Motörhead esta autenticidad se convirtió en la segunda razón del culto que millones de personas le prodigaron durante cuatro décadas de trayectoria. La primera fueron las aplastantes descargas eléctricas de rapidez y furia que ni veinte secuelas de la sobre-producida franquicia Fast & Furious, que hiciera famoso al fallecido actor Paul Walker, podrían haber generado jamás.

Uno de sus últimos videos los muestra ingresando a un casino donde se divierten rechonchos ladrones de cuello y corbata (Get back in line, 2010). El trío –Lemmy, Phil Campbell y Mikkey Dee- arrasa con el lugar, volteando mesas y repartiendo puñetazos a los corruptos señorones mientras resuena este tema de su penúltimo disco, The wörld is yours. Las entrevistas a su líder, registradas en infinidad de revistas y videos, dejan claro que de no haber sido rockero podría haberse dedicado exclusivamente a patear traseros de políticos y empresarios hipócritas.

Remecieron el mundo

Cinco años antes de Judas Priest, Iron Maiden o Venom, Motörhead remeció al mundo con su estruendosa propuesta musical, combinación demoledora de la mejor actitud punk con la contundencia de Black Sabbath, para inventar el thrash metal, aunque el mismo Lemmy dijera más de una vez que su grupo tocaba simple y llano rock and roll. Quienes tuvieron la suerte de verlos en concierto, en cualquiera de sus etapas, aseguran que fue lo más ruidoso que escucharon.

Luego de ser despedido del combo británico de space-rock Hawkwind, Ian Kilmister -alias Lemmy-, decidió formar un trío al que bautizó Motorhead (como la última canción que escribió para sus anteriores compañeros), apelativo que recibían los consumidores de anfetaminas. El grupo incluía a Larry Wallis (guitarra) y Lucas Fox (batería) pero pronto los reemplazó por Eddie “Fast” Clarke y Phil “Philthy Animal” Taylor, respectivamente. Motörhead salió al ruedo con un aspecto sumamente agresivo, usando grafía alemana en el nombre –la diéresis sobre la segunda “o”- y una mascota de aterradoras fauces y cadenas, llamada “Snaggletooth”.

El bajo distorsionado y la voz de ultratumba de Lemmy, los riffs lacerantes de Clarke y la incansable batería a doble pedal de Taylor pronto llamaron la atención del público que no podía dejar de verlos y escucharlos con una extraña mezcla de disgusto y placer. Aun cuando la prensa especializada decidió considerarlos “la peor banda del mundo”, sus huestes crecían veloz e incesantemente.

Cuarenta años de giras

Sus cinco primeros discos –Motörhead (1977), Overkill, Bomber (1979), Ace of spades (1980) y Iron fist (1982)- contienen letras sobre peleas, arrestos, sobredosis, conciertos, interminables juergas y resacas. En 1981 apareció No sleep ‘til Hammersmith, poderoso álbum en directo, un clásico del rock pesado. Tanto la New Wave Of British Heavy Metal como la escena thrasher de la Costa Oeste de EE.UU. mencionaban a Motörhead como su principal influencia y Lemmy, siempre con el ceño fruncido y cantando con el micrófono por encima de su metro ochenta de estatura, se convirtió en símbolo de inflexible rebeldía y credibilidad en una industria que cedía cada vez más a los dictados de las modas y las campañas de marketing.

En 1982 Clarke renunció al grupo para fundar Fastway junto a Pete Way, ex bajista de UFO -otra leyenda del hard-rock británico-, y fue reemplazado brevemente por Brian Robertson, ex guitarrista de Thin Lizzy. Por su parte, Taylor permaneció en Motörhead hasta finales de los ochenta. Lemmy continuó lanzando atronadores discos como cuarteto, acompañado por los guitarristas Phil Campbell y Michael “Würzel” Burston y varios bateristas invitados, entre ellos el sueco Mikkey Dee, quien finalmente se hizo estable en 1995.

Ese año Motörhead volvió a su formato original de trío. Desde entonces Lemmy, Campbell y Dee siguieron trabajando sin parar hasta la muerte del icónico cantante/bajista, el 28 de diciembre del 2015 a los 70 años. Phil “Philthy Animal” Taylor (61) había fallecido mes y medio antes, el 11 de noviembre, mientras que Eddie “Fast” Clarke (67), creador de clásicos riffs como Ace of spades, We are the road crew, Overkill o Bomber, lo hizo recientemente, el 10 de enero. Aunque grabaron discos e hicieron intensas giras de manera ininterrumpida durante cuarenta años, bastó lo que el trío original hizo entre 1976 y 1982 para convertirse en leyendas del rock duro. Tan rápidos, furiosos y reales que solo la muerte pudo detenerlos.