23 Nov, 2017

Columna | Borka Sattler: Viento de palabras – Mi continente

“Fuimos un continente conquistado por la religión, las creencias, razones y tradiciones del cristianismo que se arraigó en las entrañas y alma de los habitantes..."

En esta vigilia que me da después de un viaje, en que la noche es larga esperando la mañana, volví a leer esa novela corta de Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba (1961), obra de arte que muestra lo cotidiano, las necesidades del ser.

Luego en la vigilia que siguió a esos días en que debía calmarme de emociones, seguí indagando sobre esa novela en el libro de crítica literaria de Mario Vargas Llosa, García Márquez. Historia de un deicidio (1971).

El sabor que se siente en la literatura de García Márquez es increíble y en esta novela corta es un gusto a todos los sentidos. Un relato simple pero profundo que conlleva todo una tragedia de injusticia y olvido al ser humano que hasta sentimos en carne propia el problema del Coronel y su mujer. Compartimos con ellos la esperanza por noticias que se niegan en llegar y hasta el olor de la mazamorra que hace la mujer con el maíz del gallo, ese animal que era su pasión pues perteneció a su hijo muerto. Cuando nos sumergimos en esa lectura nos parece que está en nuestra memoria como algo vivido.

Mario Vargas Llosa ahonda en esta obra y la desmenuza por todos sus lados.

Dos gigantes y maestros que nos enseñan a descubrir emociones y traer a nuestra memoria el sentir latinoamericano.

Somos un abanico de realidades, que no sirven para refrescarse del calor, por el contrario, ese abanico nos da aire de pensamientos que la mente recibe con ardor.

Fuimos un continente conquistado por la religión, las creencias, razones y tradiciones del cristianismo que se arraigó en las entrañas y alma de los habitantes de estas tierras, pero conservando un hálito sutil de las creencias ancestrales que convergen en una mistura de lo que somos.

Hay que reconocer lo más importante que nos dio la conquista que es el reconocer a Cristo y el idioma tan rico para expresarnos, aunque hay otros idiomas nativos por rescatar.

Ahora recurro a José Lezama Lima, La expresión americana (1957), sorprendente libro envuelto en aromas de tabaco y café donde a través de definiciones de movimientos artísticos como lo Clásico, el Romanticismo, lo Barroco y la Expresión Criolla, además de nombrar a un sinfín de personajes como Fray Servando y Bolívar, describe el carácter y hechura del hombre de este continente.

Según Lezama Lima, al principio de la conquista la imaginación elemental era que el habitante de estas tierras, fuera de estar rodeado de monstruos y faunos, eran niños a los que se debía educar y crear necesidades, y se refiere a Hegel que dice que a media noche un fraile tocaba la campana para hacer recordar a los indígenas sus deberes conyugales.

En otra parte del libro La expresión americana, el autor cuenta que el hombre que quería hablar con el Ministro llevaba una carta de recomendación para la autoridad, pero también otra para el portero.

Estos dos ejemplos redundan en la humanidad del hombre de esta parte del mundo. El primer ejemplo es irónico y somete al hombre a algo irreal, pues a nadie con una campana se le iba a indicar el momento para copular, ni en ese entonces ni ahora. El segundo ejemplo es la frescura y el ingenio de aquel hombre que quiere un favor y va hacia la cabeza y a la cola.

Los vientos, la vegetación exuberante, las arenas cargadas de minerales, los ríos cantarines y silenciosos, el mar y las montañas están contaminados de nuestro sentir y pienso ya no en vigilia sino a la luz del sol. Bendito sea el barro de que está hecho el hombre latinoamericano con el soplo de Dios. La magia siempre está presente para bien o para mal, esperemos que la balanza del destino se incline positivamente, lo merecemos.