Charles Mingus: Un gigante del jazz

“Mingus defendió su convicción de hacer avanzar el jazz desde la propia tradición y filosofía afronorteamericanas, combinándolas con la música clásica"
Charles Mingus: Un gigante del jazz Charles Mingus: Un gigante del jazz

“Estoy muriéndome. Pensé que sabría cómo hacerlo pero ya no estoy tan seguro”, le dijo el legendario compositor, contrabajista y director de conjuntos de jazz a Joni Mitchell, mientras trabajaban en un insólito proyecto conjunto, que finalmente salió al mercado en septiembre de 1979, ocho meses después del fatal desenlace producido por la esclerosis lateral amiotrófica que sufría, también conocida como Enfermedad de Gehrig.

Charles Mingus dedicó su vida entera al jazz y nunca cedió a las tendencias que pretendían desnaturalizarlo desde la avant-garde. Jamás tocó un bajo eléctrico ni incluyó en sus múltiples ensambles –grandes bandas, sextetos, tríos- sonidos asociados al rock. Tampoco se entregó a las elucubraciones orientalistas tan de moda en tiempos de Miles Davis o John Coltrane.

Fiel a los orígenes

Mingus defendió su convicción de hacer avanzar el jazz desde la propia tradición y filosofía afronorteamericanas, combinándolas con la música clásica y creando un lenguaje propio a partir de la convivencia de dos universos paralelos que se intersecaban de manera natural.

Estudió piano, trombón y cello con la intención de tocar en una orquesta, sueño que no pudo cumplir por ser negro en plena era segregacionista norteamericana. Inspirado por Duke Ellington y los espirituales que escuchaba de niño en Los Angeles, cambió el cello por el contrabajo a finales de los años cuarenta y comenzó a tocar con estrellas establecidas de la Costa Oeste como Lionel Hampton o Red Norvo.

Reconocible por su intimidante estatura y sobrepeso, Mingus desarrolló una agresiva técnica en el contrabajo, tocándolo alternadamente con o sin arco. Luego de algunas grabaciones con Miles integró The Quintet –junto a Dizzy Gillespie (trompeta), Charlie Parker (saxo), Bud Powell (piano) y Max Roach (batería)- que lanzó el trascendental álbum Jazz at Massey Hall (1953), un concierto en Toronto considerado como “la mejor grabación de jazz de la historia”.
Su más grande aporte
Pero el aporte más grande que hizo a la música popular contemporánea fue como compositor. Sus  complejas y vertiginosas suites invocaban a los espíritus de Dixieland, la negritud del blues y el góspel y esas intrincadas innovaciones que sonaban a jazz clásico y a todas sus vertientes –cool jazz, hard-bop, be-bop, modal, free-jazz-, en simultáneo. Sus discos Pithecanthropus Erectus (1956), Mingus ah um (1959), The black saint and the sinner lady (1963) entre otros, son monumentales construcciones en las que el jazz se condensa en tensas progresiones armónicas para luego soltarse en libres sesiones de improvisación unidas por una línea conceptual que reivindica los orígenes del género.

En 1955 escribió una carta abierta a Miles Davis, increpándole el maltrato que el genial trompetista daba a otros músicos de jazz, solo por ser “populares”. El talento literario de Mingus le valió su única nominación al Grammy, al ensayo “¿Qué es un compositor de jazz?” inserto en su LP Let my children hear music (1971). Ese mismo año publicó una autobiografía titulada Beneath the underdog, aclamada por la crítica especializada de entonces.

Iracundo temperamento

Mingus era iracundo. Podía interrumpir una canción abruptamente para reprender al público si los escuchaba conversando. O azotar su pesado contrabajo y abandonar el escenario si algo no le gustaba. Sus músicos tampoco estaban libres de aquel explosivo carácter. Jimmy Knepper, trombonista, terminó con un diente roto tras el puñetazo que Mingus le asestó durante un ensayo, frustrado porque no alcanzaba el sonido correcto. Knepper no pudo tocar en dos años.

Solo Danny Richmond, quien se mantuvo a su lado dos décadas, parecía comprender tanto la atribulada personalidad como el sentido musical del compositor, ajustando su elástica batería a las impredecibles volteretas de sus canciones. Richmond fue parte del sexteto definitivo de Mingus, junto al sensacional Eric Dolphy (saxo alto, clarinete, flauta), Clifford Jordan (saxo tenor), Johnny Coles (trompeta) y Jaki Byard (piano). Durante los setenta Mingus, afectado por la enfermedad y la depresión, siguió produciendo y tocando en festivales alrededor del mundo. Su música seguía creciendo y desarrollándose, en sentido contrario a su salud.

Conjunción con Joni Mitchell

Para cuando buscó a Joni Mitchell, en 1978, ella ya había pasado de ser símbolo hippie a estudiosa del jazz, aunque se consideraba “intrusa” en el género. Mitchell, de 35 años, vio muy de cerca los últimos arrestos artísticos de Mingus, con quien entabló una profunda amistad. La muerte evitó que el músico escuchara el resultado de aquellas sesiones, que incluyeron una fantástica versión del clásico Goodbye pork pie hat, de 1959, con letra escrita por la canadiense y contenida en Mingus (1979), décimo disco de la autora de Big yellow taxi.

El legado artístico de Charles Mingus está vigente gracias al trabajo de su viuda Sue Graham –su cuarta esposa- que incluye conciertos, publicaciones y reediciones de sus discos, así como el estreno de Epitaph (1990), obra póstuma de este gigante del jazz que falleció en Cuernavaca, México, ciudad a la que llegó en silla de ruedas en búsqueda de un chamán que le curara la esclerosis. Tenía 56 años.

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