21 Dic, 2017

Borka Sattler | Viento de palabras: Coco

Mis primeras experiencias en dibujos animados fueron a los dos o tres años, cuando mi abuelo para mi cumpleaños se aparecía con un inmenso proyector

Este jueves, antes de Navidad, no quiero referirme a libros, ni a asuntos que a todos nos preocupan, esta columna tendrá como tema un filme de dibujos animados titulado Coco, de Pixar, que realmente es un regalo en estas fiestas en que todos queremos tener ilusión.

Mis primeras experiencias en dibujos animados fueron a los dos o tres años, cuando mi abuelo para mi cumpleaños se aparecía con un inmenso proyector y sobre un ecran que colgaba de la pared de la sala, con toda parsimonia, hacía las delicias de todos losniños invitados a la fiesta, con Betty Boop o el Ratón Mickey. Ya me sabía de memoria los gestos de esos dibujos animados en blanco y negro que se repetían en cada celebración. Mi querido abuelo Hugo Saija había sido en su juventud uno de los pioneros que agregó el sonido al cine mudo en el Perú.

Luego en las funciones de cine de los domingos a las que el abuelo nos llevaba, si nos portábamos bien, me encanté con la Cenicienta, Bambi, Blancanieves y otras más. Pero ya de mayor, nunca fui aficionada a este género de películas de dibujos animados.

¡Qué error! Ahora comprendo que esa corriente de expresión se ha ido desarrollando hasta lograr verdaderas obras de arte y más aún si llevan un mensaje en su contenido. No solamente el impacto visual, sino que se logra una comunicación entre el artista creador y el espectador. Igual es cuando apreciamos una obra plástica de Picasso, Dalí, Szyszlo o Gerardo Chávez.

La magia del cine da otras posibilidades de expresión, pues une la plástica, las palabras y la música. Además del teatro, en este caso no con seres humanos, sino con seres creados por el autor. Un elemento importante es lo relativo al ser. A la herencia que recibimos de nuestros antepasados y se mantiene en nosotros.

Coco es el tierno relato de un niño llamado Miguel, que quiere ser músico y en su familia de zapateros ese sueño es una aberración. Había existido un trovador que depuso a la familia por dedicarse a crear canciones y solamente con su guitarra se fue, abandonando a su mujer y a su hija. Miguel, en busca de sus raíces, traspasa la época y después de mil aventuras encuentra al antepasado del que había recibido el don de la música. En esa otra orilla de la vida, descubre el secreto familiar.

Despliegue de colorido e ideas geniales extraídas de creencias y tradiciones arraigadas en el pueblo mexicano. Notables gestos y acciones que ningún filósofo ha podido encontrar: la incógnita del más allá.

El altar de muertos que se hace cada dos de noviembre en los hogares para respetar a los antepasados que siguen viviendo en ese otro lugar y que el día que los olviden desaparecerán, es algo tan convincente y da ilusión. Sobre todo a los artistas que quieren perdurar. Algarabía y belleza que hace reír y llorar, una obra de arte que los niños la disfrutan y los adultos la sienten profundamente.

Recomiendo entusiasmada esta película y les deseo sean felices esta Navidad.