Astronautas

“Los peruanos todavía creemos que tenemos derecho a soñar, a que parte de la esperanza no ha sido destrozada por las situaciones corruptas y violentas"
Astronautas Astronautas

El velascato es uno de los grandes retos interpretativos de la historia peruana. Una parte de peruanos repudian el régimen, lo atacan, lo desprecian y hasta lo odian. Hay algunos que, al pronunciar el nombre del General Velasco se espantan, hacen cruces y lanzan improperios.  Hay otros, sin embargo, que lo aman, ensalzan, lo recuerdan como un santo patrono. Lo que sí es verdad, es que significó un giro radical de nuestra época republicana. El trasfondo nacionalista de su gobierno alcanzó todas las dimensiones de nuestra cotidianeidad. Ya el dramaturgo Juan Osorio en Casa de perros (2017) evocaba también este periodo y permitía ver las tensiones ideológicas y clasistas que estaban en pleno hervidero. El Perú no volvió a ser el mismo luego de la denominada Revolución Peruana, considerada para algunos teóricos como una tercera vía alternativa, campesina-indigenista, militar-populista y profundamente nacionalista.

Sueño lunar

En ese sentido, las agendas gubernamentales de esa etapa podrían lindar con sueños altivos y alucinantes. Peruanizar el mundo era un objetivo. Es más, convertir a nuestro vilipendiado país en epicentro regional. Sin embargo, lo que cuenta esta propuesta escénica es aún más audaz: la llegada del hombre peruano a la Luna. La tesis en sí misma podría parecer risible tanto que el género es una comedia. Sin embargo, varios antecedentes nos dan cuenta que la ambición global no es exclusiva del periodo. La propuesta de volar hecha por Santiago de Cárdenas en el siglo XVIII y varios textos peruanos sobre la posibilidad de llegar al satélite como del autor anónimo Viaje al globo de la Luna en el s. XIX. Es decir, el sueño lunar no era ajeno a nuestra literatura. De ese modo, combinando la ultranza velasquista como disparador de la posibilidad y los cuatro fantásticos Jorge Castro, Mateo Chiarella, Héctor Gálvez, Gino Luque y Gerardo Ruiz, metidos a mesa de trabajo colectiva, propusieron ya en el 2011 esta obra lunática. Ha sido repuesta, aunque revisada, una vez más. Y es una de las comedias más inteligentes del teatro peruano contemporáneo. Podemos señalar que el cuarteto a afinado, ensamblado, conectado, sus saberes previos con sus destrezas escriturales.

Una mentira anhelada

Entonces lo que vemos es una magnífica combinación de nuestros deseos gloriosos como colectivo y la vanagloria ilusa, aunque no inútil de nuestra presencia en el romántico e inaccesible cuerpo celeste. Eso de alcanzar la Luna era posible. El lema de que los sueños se pueden cumplir en las manos de tres de los hermanos Ayar, cual mitología fundacional que mueve a la acción, enhebra un ritmo trepidante de actuaciones. Manuel Gold (Ayar Cachi) está hecho para las puestas de este tipo. Todo en él encaja. Su sola presencia mueve a la diversión y es notoria desde su aparición. Apenas asoma y ya causa gracia. Hay actores que nacen para ciertos géneros, este es el suyo. Eduardo Camino como Ayar Manco mantiene la exigencia de sus pares. Y, denota en el diálogo, los prejuicios de su origen social, sumamente evidentes en los años en que está contextualizado. Aquí la mano de los autores es una guía de cómo ven las disputas clasistas y la discriminación racial. Esto se evidencia con Ayar Uchu (Óscar Meza), el cuzqueño, el indígena militar y representante de los vencidos. Más allá de lo forzoso de su dejo, que intenta ser de Cuzco, pero es una extraña mezcla de varios tonos, hay un ímpetu que maneja bien a sus contrapartes. El trío representa a un país de todas las sangres, heteróclito, quijotesco, sobreviviente, con esa ilusión inocente de todo proyecto inaugural y voluntarioso. Los peruanos todavía creemos que tenemos derecho a soñar, a que parte de la esperanza no ha sido destrozada por las situaciones corruptas y violentas en la que estamos inmersos. Algo así pasa con la ilusión en el mundial de futbol en Rusia. Necesitamos una falsedad consensuada para no terminar de destruirnos. Es tan poético como triste ya que la realidad ha superado hace mucho nuestra fe. Cuando pareciera que podemos escapar del hoyo al fin, la realidad nacional nos puñetea, nos encara, nos regresa al averno.

Esta obra es un espejismo, una melancólica quimera de lo que no existió, de lo que jamás sucedió. Tal vez en esa mentira anhelada, en ese engaño aceptado, está su valor.

FICHA

Director: Jorge Castro

Texto: Mateo Chiarella, Jorge Castro, Héctor Gálvez, Gino Luque y Gerardo Ruiz.

Actúan: Manuel Gold, Eduardo Camino y Óscar Meza.

Lugar: Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, Jesús María.

 

LEYENDA: El trío representa a un país de todas las sangres, heteróclito, quijotesco, sobreviviente, con esa ilusión inocente de todo proyecto inaugural y voluntarioso.

 

 

 

TAMBIÉN PUEDES LEER: