21 Mar, 2018

El asesinato de Marielle Franco

“Casi una semana después de su ejecución, el horror, el choque, la indignación se apoderaron de la ciudad y del país".
El asesinato de Marielle Franco
El asesinato de Marielle Franco

Por Débora Thomé

“Yo vivía en Maré en la otra intervención; fueron 14 meses. Los favelados y faveladas saben exactamente lo que es el ruido del tanque del ejército en su puerta”. Así decía en su discurso del 20 de febrero la concejal Marielle Franco, negra, lesbiana, favelada (quien vive en una favela, asentamiento humano de los pobres de Brasil). Muerta hace una semana en una emboscada en Río de Janeiro. Con ella, también mataron a su conductor. Hasta la última semana, una representante desconocida del mundo, las investigaciones sobre su asesinato ya ocurren hoy bajo presión de grupos como #blacklivesmatter, de artistas como Katy Perry y de organismos internacionales, como la ONU. Marielle era la más pujante novedad de la política de Río en los últimos años. Miembro de un partido de izquierda, fue la quinta más votada en su primera elección, en 2016.

La ciudad vive actualmente bajo una intervención militar: el gobierno federal decidió, en lo que muchos ven una estrategia política, intervenir militarmente para intentar reducir la violencia. La concejal era contraria a esta decisión.

Marielle nació en la Maré, conjunto de favelas donde viven más de 100 mil personas. Maré es también una de las zonas actuales de acción de la policía y de los militares. Marielle actuaba no solo en temas de violencia, como por los derechos de las mujeres y de los negros. Su última campaña en el carnaval fue contra el acoso.

Su trayectoria personal era de una mujer de lucha casi imparable. Se embarazó adolescente y tuvo que dejar los estudios. Regresó después a la universidad, cuando terminó el curso de ciencias sociales. Después, se graduó en la maestría en administración. Su carrera política comenzó como asesora de Marcelo Freixo, muy conocido político en Brasil. En la Asamblea Legislativa, llegó a la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos. Era el espejo de la esperanza, de una nueva política.

Casi una semana después de su ejecución, el horror, el choque, la indignación se apoderaron de la ciudad y del país. Nadie puede creer en que la silenciaron. Una de las sospechas es que esto ocurrió debido a su lucha contra la violencia policial.

El exterminio de Marielle abre un precedente muy grave en la política brasileña. Para empezar, Brasil es uno de los países con peores índices de representación femenina, el 151 en el mundo (en 193 países). Pocas son las mujeres dispuestas a esta trayectoria, por la que caminan sin ningún apoyo de los “dueños” de los partidos.

Además de la cuestión de género, y quizás aún más amenazante, es el hecho de que una representante política ha sido muerta por ser de la política, por lo que representa. Cuando una sociedad permite que un disparo sea el fin de quien defiende ideas diferentes de las nuestras –y, en este caso, el lado de ella era el de los derechos humanos–, eso hace con que la negociación que se espera de la política se vuelva puramente fuerza bruta. Queda la muerte.

El asesinato de Marielle nos acerca aún más a aquellos momentos en que los gobiernos perdieron el control, cediendo al crimen la negociación de las divergencias.