48 horas en La Habana

“Los bajísimos índices de delincuencia y criminalidad creo que se deben a las excelentes oportunidades educativas que tienen".
48 horas en La Habana 48 horas en La Habana

 Por Juan Zevallos Aguilar

 

Para conocer la Cuba profunda inicié conversaciones con gente común en las ferias de artesanos y tomé los ómnibus de transporte público. A pesar de que circulan las calles hordas de turistas de todo el mundo durante el día, existen pocos vendedores callejeros y son pocos los cubanos que toman la iniciativa para iniciar una conversación. Solo responden con gentileza a las preguntas que se les hacen. Me enteré que existe una ley de asedio al turista. La aprobación de estas leyes y ordenanzas municipales son una de las estrategias del gobierno cubano para proteger al turismo como fuente importante de divisas. Si un extranjero se siente agraviado y hace la denuncia, el presunto asediador fácilmente puede terminar en los calabozos de la comisaría. En una primera conversación que empezó cuando le pedí instrucciones de cómo llegar en autobús al cine Riviera, entre la calle G y H, de la avenida 23, la señora Roraima empezó a contarme aspectos importantes de su vida. A su primogénito lo mataron en una pelea de bandas en Miami.

Le queda un hijo de 34 años que se casó con una turista extranjera, madre soltera alemana con un hijo de quince años. El hijo menor de la señora Roraima vive en Berlín, no le gusta su cielo nublado, el frío invernal y el duro trabajo de almacenero que hace en la Siemens. Cada vez que puede le envía remesas. El esposo de la señora Roraima murió en la guerra de Angola. Ella recibe una pensión de viuda que le permite vivir. Se queja que solo le permite comer spaghetti, pizza y cerdo. Le gustaría tener una dieta más variada. Espera que con la elección del nuevo presidente cambie la situación. En otras conversaciones cortas con taxistas, meseros o vendedores estos subrayaban no tener ofertas de consumo. Sueñan con usar productos norteamericanos. Un par de zapatillas, camisa, pantalón de marca o un teléfono celular son los mejores bienes preciados. No les importa si son piratas. Saben que un par de Nike original, por ejemplo, cuesta 120 dólares y una réplica cuesta 30 dólares. Para ellos lo importante es lucir la marca. Les da un status superior en sus comunidades.

Sorprende que estas ansias excesivas de consumo no hayan generado delincuencia juvenil como en nuestros lares. La Habana turística es segura. Hay bastante tráfico vehicular y peatonal. Sin embargo, no existen carteristas, menos crímenes violentos. Se nota la presencia policial pero no es excesiva. Por causas del bloqueo los patrulleros son casi inexistentes. La gasolina es cara tanto para la gente común como para el gobierno. No se ven caravanas de automóviles con luces intermitentes y sirenas de autoridades del estado o empresarios. Mantienen un perfil bajo. Asimismo, los cubanos de menores recursos ahorran en oro. Un taxista llevaba una pesada cadena y un crucifijo del metal precioso que le marcaba la piel del cuello. Cuando le hice preguntas me contestó que había invertido 500 dólares y que eran sus reservas para los malos tiempos. Nadie le intentó robar en sus cuarenta años sin todavía salir de la isla. Los bajísimos índices de delincuencia y criminalidad creo que se deben a las excelentes oportunidades educativas que tienen.

En dos días libres pude percatarme de esta situación privilegiada. Las ediciones cubanas de clásicos de la literatura latinoamericana y universal cuestan un dólar. Un espectáculo de variedad (música y danza) en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional es gratis para los cubanos y cuesta cinco dólares para los extranjeros. Gasté 30 centavos de dólar en la entrada para ver el estreno de una nueva película francesa. Un DVD original de clásicos del cine cubano cuesta máximo 3 dólares. Gracias a estos precios bajísimos pude completar mi colección de libros y DVD, asistí al homenaje de tres horas que le ofrecieron sus discípulos y admiradores a la bailarina y coreógrafa Rayma Pérez. Finalmente pude ver Un Beau Soleil Interiur (2017) de Claire Dennis con la actuación de la protagonista Juliette Binoche y, en un papel secundario, a Gérard Depardieu.

En el homenaje a la tempranamente fallecida Rayma Pérez disfruté de piezas de ballet, danza moderna, danzas tropicales tradicionales y bandas de jazz fusión y ritmos tropicales. La película, ganadora de un premio del Festival de Cannes, trataba sobre la búsqueda del verdadero amor de una pintora de cincuenta años, divorciada y con una hija de 10 años, quien en su desesperación busca a un  psiquiatra new age que tiene los mismos problemas de su paciente. La infraestructura y los equipos del teatro y el cine eran envidiables. El teatro tenía una capacidad de más de mil espectadores. El cine podía albergar a quinientos. Me sorprendió ver a ambos repletos.

Leí que en su discurso de asunción de mando Miguel Díaz-Canel, el nuevo presidente de Cuba, citó a José Carlos Mariátegui. Necesitará ser muy creativo en combinar socialismo y un capitalismo domesticado. Sus espléndidos programas de educación, salud y seguridad no son suficientes para satisfacer las ansias de consumo de sus compatriotas exacerbadas por los turistas y los parientes residentes en el extranjero que visitan con más frecuencia la isla.

 

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